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El miedo es una de las emociones básicas del ser humano y está anclado en el equipo instintivo con el que venimos al mundo. En principio, actúa como mecanismo de alerta para evitar peligros que pongan en riesgo nuestra supervivencia. Dicen que un bebé solamente le tiene miedo a los ruidos fuertes o a los movimientos bruscos; todos los demás temores serían producto del aprendizaje.
Opinión19/03/2020 Christian Meniw
Sin llegar a esos extremos, hay muchos investigadores que postulan la tesis de que existen miedos propagados deliberadamente en la cultura para “ablandar” a las personas y hacerlas más manipulables.
En la esfera personal también es frecuente que se utilice el temor para poder controlar el comportamiento de otros.
Hay razones obvias y sanas para sentir miedo en muchas oportunidades. Una tragedia natural, una epidemia o una crisis económica severa, entre otros, son situaciones reales que lógicamente hacen sentir temor a las personas. Esta clase de miedo se basa en riesgos objetivos y es saludable, en la medida en que permite a cada persona prepararse para enfrentar el riesgo. Pero el tipo de miedos que llevan a la manipulación deliberada son diferentes. En general, parten de un mito. No representan la realidad como tal, sino una fábula de la misma. Es más fácil si tomamos un ejemplo. Durante mucho tiempo circuló la idea de que una mujer solo era virtuosa si llegaba virgen al matrimonio. Generaciones enteras dieron crédito a ese postulado y eso impuso un fuerte condicionamiento sobre la mujer, que, gracias a ese tipo de ideas, permanecía subyugada frente al poder masculino dentro de la cultura.
En el terreno político, el miedo es el arma principal de los regímenes autoritarios o populistas. Por eso, con toda la intención del caso, se promueven ideas tergiversadas acerca de la realidad. Es relativamente fácil identificar los discursos que manipulan, en lugar de persuadir. Normalmente acuden a una gigantesca amenaza que se cierne sobre todos; utilizan un tono apocalíptico para referirse a ella y plantean, como única vía de solución, la adhesión a un personaje, un partido político o un grupo determinado.
En la sociedad moderna existen algunos miedos que ya podemos considerar como típicos. Hay dos principalmente: el miedo a ser víctima de un delito y el miedo a la pobreza. Respecto al primero, lo alimentan diariamente los noticieros: nunca te dicen que millones de personas no delinquen, sino que se concentran en los pocos que sí lo hacen. Igual, una enorme cantidad de las películas de Hollywood se dedican a esa trama: un delincuente peligroso que acecha a la sociedad, la cual termina siendo salvada por la policía o algún sujeto que aplica la justicia privada.
Respecto a la pobreza, toda la publicidad se encarga de crear un modelo de “justa riqueza” y, de manera sugestiva, anuncia los riesgos a los que te expones si no te adhieres a él.
Por contraste, desde el poder del Estado, e incluso desde la familia o la pareja, también existen mecanismos de manipulación para que ignoremos la gravedad de muchas verdaderas amenazas que se ciernen sobre nosotros. Por ejemplo, no hay mucha información sobre los graves efectos secundarios de los medicamentos de las grandes farmacéuticas. Tampoco encuentras mucho acerca de los riesgos para la salud por el uso de aparatos electrónicos, como algunos estudios lo vienen señalando.
Lo cierto es que el antídoto para la manipulación es informarse adecuadamente. No creas de primera todo lo que oyes, todo lo que ves o todo lo que te cuentan. Procura utilizar fuentes fiables para formarte tus opiniones y desconfía de los discursos que basan su validez en el miedo a una amenaza descomunal.
Dr Christian Meniw*
*Embajador por la Paz de la ONU; Abogado comercial en industrias digitales; Docente de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales; Director de Operaciones de Centro E3 Bolivia.

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