Tarea

Opinion 08 de noviembre de 2019
El domingo 10 de noviembre no hay un final sino un inicio que debe ser promisorio para la Provincia. Los salteños van a elegir al décimo gobernador desde la recuperación de la democracia en 1983 pero será el sexto nombre que engrosará la lista.
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La tarea que deberá encarar el nuevo mandatario no será sencilla. Las sucesivas crisis de los últimos 36 años han acumulado problemas o han postergado decisiones importantes ante la necesidad de atender las urgencias. Todo indica que no será diferente desde la apertura de un nuevo período de gobierno.

La tarea a encarar requerirá en no pocos casos el acompañamiento de la Legislatura, con la sanción de leyes para adecuar el marco legal vigente a un nuevo modelo de gestión. Aunque desde los cinco sectores que postularon una fórmula para el Ejecutivo no se adelantó cuál será el destino de la actual estructura de gabinete, no llamaría la atención que el gobernador que se elija el domingo demande antes de asumir una nueva Ley de Ministerios. La actualmente vigente fue sancionada en noviembre de 2017 y contempla once carteras, entre ellas la de la Jefatura de Gabinete.

Por lo demás, el momento de mayor intensidad en la materia se ubica en el arranque del nuevo mandato. Particularmente puede ser éste el caso, en orden que a la fecha no ingresó a la Cámara de Diputados el proyecto de ley de Presupuesto, reconocida con justicia como la Ley de Leyes, porque dispone la distribución de recursos para financiar políticas públicas que dan razón de ser a un gobierno. Y hasta tanto no se sancione esta norma, se mantendrá en vigencia el período ordinario de sesiones aun con una renovada integración de ambas Cámaras.

Cabe señalar que a cada gestión le correspondió un cúmulo de situaciones que exigió del gobernador de turno una justificación diaria del merecimiento del cargo. La Provincia de Salta fue creada por el Director Supremo Posadas el 8 de octubre de 1814, una fecha que actualmente no tiene relieve. El primer gobernador fue Hilarión de la Quintana, quien no pudo con los disturbios que generó su condición de forastero. 

De esa etapa histórica el nombre más brillante es el de Martín Miguel de Güemes, primer gobernador elegido por aclamación popular y no designado por un poder central. Le tocó rechazar intentos realistas de invasión pero especialmente enfrentar la resistencia de los grupos dominantes locales a sus pretensiones de aplicar reformas progresistas sobre las tierras.

Ni la asistencia divina ayudó a algunos mandatarios. La historia registra los esfuerzos del canónigo Juan Ignacio Gorriti, primer y único gobernador perteneciente al clero. Actuó en los tiempos en los que se construía el federalismo a sangre y fuego y él terminó exiliado en Bolivia.

Hoy son otros los problemas y se plantean otros desafíos. El principal es sacar a Salta de la pobreza que condena a los jóvenes y para ello debe encararse una reforma profunda, que no solo es económica sino cultural. 

Podría decirse que está todo por hacer pero cualquier decisión electoral debe advertir que los cimientos no se tocan.

Salta, 08 de noviembre de 2019

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