Protagonismo

Opinion 25 de octubre de 2019
Entre las colas de la mañana del viernes en la city local y la mirada puesta en el ahora llamado 28 0, transcurren las horas previas a una de las dos elecciones más importantes para los salteños. Es la que definirá el nuevo gobierno nacional y que todo indica tendrá como opción una reelección o un retorno, pese a otras cuatro propuestas que lograron superar el filtro de las primaras de agosto.
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La campaña que se cerró a las 8 fue intensa e incidió en el curso de decisiones de gobierno por lo que, más allá de los resultados, deja la expectativa de una transición ordenada hacia el 10 de diciembre, cuando se produzca el cambio de mando en el Ejecutivo Nacional. Pero también puso de  relieve la calidad institucional de la democracia argentina. Sobre ella hizo hincapié el Gobernador de la Provincia, en una reflexión pública previa a una instancia trascedente que se dará en un marco de tensión regional.

Juan Manuel Urtubey se recostó en el umbral muy alto de dolor que tiene el pueblo argentino por toda su historia, especialmente la de los últimos 90 años, cuando se quiebra la institucionalidad. De allí que estas elecciones han contenido los desbordes de violencia que afectan a países latinoamericanos por este tiempo, según explicó en Cara a Cara. Ello llevó a que los argentinos tengan el cuero curtido, especialmente los sectores más desprotegidos, dijo. La conclusión es que se llega a la pérdida de confianza en el país, que es externa pero lamentablemente también es interna.

Pero también hay otros datos que los especialistas están advirtiendo y quien tiene desde hace doce años las riendas del Gobierno Provincial ha podido confirmar. Y no son los que se consideran a la hora de tomar una decisión electoral, que es universal y secreta pero también obligatoria. Hay urgencias que tapan un trasfondo que se intuye y debiera ser objeto de  reformas imprescindible, según el mandatario, pero aún invisibles a los ojos de la mayoría.

A lo que se refirió Urtubey es a la caída de la democracia representativa clásica, que está consagrada constitucionalmente como forma de gobierno, que además es republicana y federal. Sus referencias fueron categóricas al reconocer que el sistema político ha implosionado y no da respuesta a una insatisfacción creciente, que también se nota en la región y el mundo.

Por fuera de los discursos electorales, hay expresiones respecto de la crisis de representatividad política. Se expresa en muchos indicios; uno de los más categóricos es el desprestigio de la dirigencia política, la que ha promovido o, al menos, no ha evitado la destrucción del sistema de partidos políticos según parámetros tradicionales. 

El próximo domingo, la ciudadanía va a elegir a quien en su nombre y con su mandato va a construir su realidad con políticas públicas destinadas a resolver sus problemas. Esa instancia es un paréntesis en su modalidad de demanda, que se manifiesta en su propia participación en la búsqueda de soluciones mediante la protesta callejera, no exenta de violencia. 

Es cierto que el proceso decadente de la democracia representativa ha devaluado a las campañas electorales como escenario de debate de propuestas programáticas. Por eso es que en medio de la hojarasca de acusaciones sobre la responsabilidad de la crisis económica y social, no alcanzaron brillo aquellas iniciativas que ponen a la ciudadanía como actor de las políticas.

A 48 horas, aún se puede pensar en ese protagonismo.

Salta, 25 de octubre de 2019

 

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