
Alem, Perón y la responsabilidad de los que quedan

Entramos en julio con esa sensación tan argentina de que la historia no es una materia quieta, guardada en los libros, sino una presencia viva que vuelve cada tanto a interpelarnos. Hay fechas que no pasan simplemente por el calendario: nos obligan a detenernos, mirar hacia atrás y preguntarnos qué estamos haciendo nosotros con aquello que otros fueron capaces de construir, defender o soñar.
Esta semana tuve el honor de participar de una actividad organizada por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta en el marco del Día del Historiador. Siempre valoro esos encuentros, porque entiendo que la política y la academia no deben caminar por carriles separados. Una piensa, estudia y ordena los procesos históricos; la otra tiene la responsabilidad de actuar sobre el presente. Pero ambas, cuando están bien orientadas, deberían servir para lo mismo: comprender mejor la realidad para transformarla.
Allí recordamos una coincidencia cargada de simbolismo: el 1° de julio, fecha del fallecimiento de Juan Domingo Perón y también del suicidio de Leandro N. Alem. Dos hombres distintos, de tradiciones políticas distintas, pero unidos por una convicción profunda: la política no podía ser una administración cómoda de lo existente, sino una herramienta para enfrentar privilegios y ampliar derechos populares.
Alem se plantó frente a un régimen fraudulento y excluyente. Perón transformó para siempre la vida de los trabajadores argentinos. Uno fundó una causa política moderna contra la oligarquía de su tiempo; el otro convirtió la justicia social, la soberanía política y la independencia económica en banderas de gobierno, de doctrina y de pueblo. Ambos entendieron que una Nación no se realiza si las mayorías quedan afuera de las decisiones importantes.
Ese mismo día también participé del homenaje a Perón organizado por el Partido Justicialista de Salta, en el Hogar Escuela, frente a los bustos del General y de Evita. Allí, un periodista me preguntó por qué participaba de un acto del PJ si pertenezco a otro partido, el Partido del Trabajo y la Equidad. Y quiero repetir lo que le respondí: PARTE es un partido peronista, y cuando se trata de homenajear a Perón, no hay que andar con chiquitas.
Como dijo Julio San Millán en el acto, no alcanza con una ofrenda floral, una foto o un discurso bien dicho. El mejor homenaje a Perón es recuperar la capacidad de caminar juntos, con unidad, con organización y con sentido de responsabilidad histórica.
La unidad no significa pensar todos igual. Eso sería imposible y hasta poco deseable. La unidad verdadera exige algo más difícil: reconocer que hay una causa superior a las diferencias personales o sectoriales. En el peronismo, esa causa siempre fue el pueblo argentino. Los trabajadores, los productores, los empresarios nacionales, las universidades, los sindicatos, las iglesias, las organizaciones libres del pueblo y el Estado, todos ordenados detrás de grandes objetivos nacionales.
También esta semana, antes de la sesión del Senado, rendimos homenaje a los empleados legislativos en su día. Y me parece importante mencionarlo, porque muchas veces cuando hablamos de instituciones pensamos únicamente en los edificios, en las autoridades o en las leyes. Pero las instituciones también están hechas de trabajadores y trabajadoras que sostienen cada jornada con compromiso, responsabilidad y vocación de servicio.
El Poder Legislativo no funciona solo por sus sesiones y debates. Funciona también por quienes preparan expedientes, ordenan tareas, acompañan el trabajo, cuidan los procedimientos y hacen posible que la representación democrática tenga continuidad. Reconocerlos es reconocer una parte silenciosa pero fundamental de la vida institucional.
Tal vez todo esto tenga un mismo hilo conductor: la historia, la política, el peronismo y las instituciones solo tienen sentido si están al servicio de la comunidad. No para el privilegio de unos pocos, no para la especulación, no para la pelea menor, sino para construir una Argentina más justa, más federal y más humana.
Como decía Alem: “¡Adelante los que quedan!”. Y como nos enseñó Perón: “Mi único heredero es el pueblo”. A nosotros nos toca estar a la altura de esa herencia.
¡Vamos Argentina hoy!







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