Adorni prepara su defensa en el Senado, pero en el Gobierno admiten desgaste interno

Javier Milei sostiene a Manuel Adorni en el cargo, pero en distintos sectores de la Casa Rosada ya trabajan bajo la hipótesis de una eventual salida del jefe de Gabinete. En Balcarce 50 aseguran que el Presidente no tiene previsto echarlo y que la definición dependerá, en todo caso, de una decisión personal del ministro coordinador. Sin embargo, primeras y segundas líneas del oficialismo reconocen que el caso paraliza la agenda de reformas y obliga a preparar escenarios alternativos.
“Milei no te pide la renuncia si sos cercano. A lo sumo lo hacen Santiago y Karina, pero capaz no te la toma. Lo acepta si anímicamente la persona no puede funcionar”, dijeron en despachos oficiales. La frase muestra cómo leen cerca del oficialismo el vínculo personal del Presidente con Adorni y su resistencia a entregar a un funcionario propio bajo presión opositora, judicial o mediática.
Cerca del funcionario sostienen que sigue en funciones, que prepara su informe ante el Senado y que no analiza renunciar ni aceptar una salida lateral. En el oficialismo, sin embargo, reconocen que “las alarmas están prendidas”.
El primer objetivo del Gobierno fue ganar tiempo en el Senado. Bullrich logró un acuerdo con la oposición dialoguista para postergar una semana la sesión que estaba prevista para este jueves y evitar que el recinto quedara abierto a un pedido inmediato de interpelación y moción de censura impulsado por el kirchnerismo. La Cámara alta volverá a sesionar el 25 de junio, pero como parte del entendimiento se aprobaría una citación a Adorni para el 2 de julio.
Ese punto modifica la estrategia original de la Casa Rosada. La Jefatura de Gabinete había informado que Adorni concurriría el 2 de julio para brindar su informe de gestión, pero el acuerdo parlamentario lo llevaría a presentarse bajo el formato de una interpelación. En los hechos, ya no se trataría solo de exponer datos sobre la marcha del Gobierno, sino de responder preguntas de los senadores sobre su crecimiento patrimonial, sus declaraciones juradas y las contradicciones de sus explicaciones públicas.
En las últimas horas, la mesa política activó movimientos para desmentir los rumores de salida que circularon con fuerza el miércoles por la mañana. El oficialismo intenta sostener una línea común: Adorni sigue, Milei lo respalda y cualquier definición dependerá de una decisión personal del jefe de Gabinete. Pero en privado, varios funcionarios hablan de un desgaste irreversible. “Adorni ya no tiene utilidad como jefe de Gabinete. Eso se rompió”, deslizó un funcionario muy cercano al Presidente.
El vínculo con Karina Milei también aparece bajo revisión. En Balcarce 50 sostienen que Milei no lo va a soltar, pero en varios despachos advierten que la secretaria general ya no tolera la situación con el mismo respaldo que mostraba semanas atrás. La crisis golpea además a su propio sector: Adorni fue impulsado por el karinismo y su salida sería leída como una derrota interna, en momentos en que la secretaria general busca ordenar el armado partidario, la estrategia electoral y las áreas de gestión.
El gabinete se verá las caras el sábado en Rosario, durante el acto por el Día de la Bandera, donde Milei busca una foto de unidad con Karina Milei, Santiago Caputo, Patricia Bullrich, Martín Menem y el resto del gabinete ampliado. En el Gobierno aseguran que Adorni estará presente, aunque algunos funcionarios especulan con que podría no llegar al acto en funciones si la situación se acelera. En Balcarce 50 admiten que una aparición pública puede funcionar como respaldo, pero también como riesgo si recibe una reacción adversa.
En paralelo, el oficialismo puso en marcha un operativo de contención en el Congreso. Patricia Bullrich, Diego Santilli, Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem e Ignacio Devitt quedaron involucrados en las conversaciones para frenar o postergar pedidos de interpelación y moción de censura. La prioridad es evitar que el Senado o Diputados se conviertan en el escenario de una derrota política que obligue a Milei a tomar una decisión bajo presión.
La tensión con los aliados es el punto más delicado. En el Gobierno reconocen que PRO, UCR y bloques provinciales no quieren quedar como defensores de Adorni, pero tampoco necesariamente quieren aparecer alineados con una maniobra impulsada por el kirchnerismo. El acuerdo de Bullrich con la oposición dialoguista le dio aire al jefe de Gabinete, pero también dejó en claro que los aliados exigirán una instancia formal de rendición de cuentas.
El impacto también se siente en la comunicación oficial. En la Casa Rosada apostaban a que el inicio del Mundial desplazara el caso del centro de la conversación pública, pero en distintos despachos admiten que el efecto no fue el esperado. La lógica interna es que la explicación de Adorni pudo haber estado pensada para su estrategia judicial, pero no resolvió el problema político ni mediático.
Adorni, mientras tanto, mantiene reuniones con su círculo íntimo para preparar las líneas discursivas de su reaparición. Todo indica que será directamente el 2 de julio en el Senado. En su entorno quieren que retome las conferencias de prensa y que recupere parte del perfil confrontativo que tuvo como vocero presidencial, pero en otros sectores del Ejecutivo creen que ese esquema ya no es viable. “La gente ya no lo tolera. Hay que bajar el perfil”, agregan en Nación.
La discusión sobre su futuro ocurre además en medio de nombres que empiezan a circular como posibles reemplazantes. En distintos despachos mencionan a Sandra Pettovello y Pablo Quirno, aunque en la Casa Rosada insisten en que no hay una conversación formal ni una decisión tomada. Hay movimientos internos que indican que ya trabajan sobre escenarios posteriores, aun mientras la línea oficial repite que Adorni sigue.
El Gobierno quedó así atrapado entre dos estrategias. Hacia afuera, sostiene al jefe de Gabinete, busca mostrar unidad en Rosario y prepara una contraofensiva para el informe del Senado. Hacia adentro, admite que el caso paraliza la agenda, enciende alarmas con los aliados y obliga a prever un reemplazo si la presión escala. La decisión final sigue en manos de Milei, pero en Balcarce 50 ya nadie trata el caso Adorni como una crisis administrable solo con silencio, Mundial y respaldo presidencial.
TN

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