
El paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) impactó en el funcionamiento de las entidades financieras en todo el país. Los bancos suspendieron la atención presencial al público, aunque mantuvieron operativos los canales digitales para transferencias y pagos electrónicos.
En la ciudad de Salta, la medida dejó escenas que reflejan la difícil realidad de muchos jubilados. En la sucursal del Banco Santiago del Estero, ubicada en calle España 930, una mujer de aproximadamente 70 años y un hombre de 76 aguardaban desde la madrugada para poder cobrar sus haberes, sin saber que no habría atención.
La mujer, vecina de Atocha, en el municipio de San Lorenzo, relató que llegó cerca de la medianoche para asegurarse un lugar en la fila. Contó que no tiene teléfono ni televisión y que desconocía la medida de fuerza. También explicó que no contaba con dinero para regresar en remis o Uber, ya que esperaba cobrar ese mismo día. Ante la situación, decidió esperar a que amaneciera para regresar caminando a su casa.
El hombre, de 76 años, había arribado alrededor de las 4 de la mañana. Tampoco estaba al tanto del paro. Según comentó, pese a estar jubilado continúa trabajando en una distribuidora porque paga un alquiler de 200 mil pesos y los 400 mil que percibe no le alcanzan para cubrir sus gastos. Finalmente, se retiró en su bicicleta.
Por respeto a su intimidad, sus nombres se mantienen en reserva y en la imagen sus rostros fueron difuminados.
Desde el sector gremial, la medida fue fundamentada en el rechazo a la reforma laboral y en defensa de los derechos de los trabajadores.
La jornada volvió a poner en evidencia las dificultades que enfrentan los adultos mayores para acceder a la información y la fuerte dependencia del cobro presencial, especialmente en un contexto económico que golpea con mayor dureza a quienes viven de una jubilación.












