
Manicura semipermanente: uñas frágiles, químicos y más riesgos de lo pensado
Ivana Chañi
En diálogo con Aries, la dermatóloga Silvia Cuevas advirtió sobre el uso reiterado de productos de manicura —especialmente esmaltes permanentes y semipermanentes— y los efectos que pueden provocar en las uñas y en la piel de las manos cuando se aplican con demasiada frecuencia o sin supervisión profesional.
Cuevas explicó que los esmaltes permanentes y semipermanentes contienen agentes acrílicos que, utilizados en forma repetitiva, terminan deteriorando la lámina ungueal (la parte más grande la uña). “Las uñas se vuelven frágiles, quebradizas, pierden el brillo natural y empiezan a descamarse”, señaló. A esto se suman los removedores con acetona, que agravan la deshidratación y el daño cuando la práctica es sostenida en el tiempo.
La dermatóloga describió que las consultas más frecuentes son por fragilidad ungueal, descamación y uñas que se rompen con facilidad. “El problema no es hacerse las uñas para un evento; el riesgo aparece cuando una práctica se repite cada 15 o 30 días sin permitir descanso”, indicó.
Cuevas insistió en la importancia de acudir a profesionales que cuiden la técnica, usen productos de calidad y apliquen normas de bioseguridad. También remarcó un aspecto poco mencionado: el uso de cabinas UV. “Aunque la exposición sea corta, si se repite muchas veces sumamos minutos de radiación. Es esencial usar fotoprotección en las manos antes del procedimiento”, advirtió.
Otro punto crítico es el acceso a kits caseros. Cuevas alertó que hoy cualquier persona puede comprar cabinas, productos acrílicos y removedores sin conocer los riesgos. “Muchas veces se intenta tapar hongos o daños previos de la uña colocando postizos o esmaltes permanentes, y eso puede esconder una patología importante”, expresó.
La especialista también pidió evitar estas prácticas en niñas y preadolescentes: “Son pieles sensibles, muy delicadas. No necesitan cosmética tan temprana y pueden desarrollar irritaciones o dermatitis”.
Además, recordó que ciertos signos en las uñas pueden indicar enfermedades sistémicas como problemas hepáticos, renales o cardiovasculares. “La uña puede ser el primer aviso de una patología. Por eso siempre recomendamos la consulta temprana”.
Sobre el cuidado posterior, aconsejó hidratar las manos, usar fotoprotección, evitar llevarse las uñas a la boca, limitar la exposición al agua y mantener herramientas limpias y en buen estado.
Cuevas cerró con una recomendación clave: “La estética es válida, pero la salud de la uña tiene que estar primero. Y ante cualquier cambio, siempre consultar al dermatólogo”.



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