
La historia vuelve, pero con aire acondicionado

Esta semana, el nuevo protagonista de la novela institucional es Diego Santilli, flamante ministro del Interior, que asume con el entusiasmo de quien llega a ordenar la casa… después de un asado multitudinario. En el reparto, su antecesor, Franco, deja el cargo con la serenidad de quien sabe que intentó mantener la mesa armada mientras todos discutían qué menú querían.
No le fue fácil: el Ministerio del Interior es ese lugar donde se supone que todos se sientan a conversar, pero nadie deja el celular.
Los analistas dicen que Santilli llega con perfil dialoguista.
Pero los argentinos, curtidos por la historia, sabemos que en política “dialoguista” no siempre significa que se escuche: a veces es sólo que el micrófono tiene mejor sonido.
Y ahí aparece la ironía del destino: los mismos que hace un mes no cumplían con su palabra, hoy juran que “ahora sí se hará”.
Como si la magia del nombramiento transformara las promesas en realidades por decreto.
La historia argentina está llena de estos relanzamientos.
Desde el virreinato, donde cambiaban los virreyes para que todo siga igual, hasta el siglo XXI, donde cambiamos ministros para que parezca que algo cambió.
Nos pasa desde siempre: el país es como ese amigo que cada lunes empieza la dieta. Lo intenta, promete, publica la foto del desayuno saludable… y al mediodía pide milanesas con papas.
De todos modos, hay que reconocer que Franco dejó un trabajo serio. No siempre vistoso, pero con la cabeza puesta en la gestión más que en el tuit.
Y eso, en la Argentina del algoritmo, ya es casi una rareza.
Ahora Santilli hereda una oficina con papeles, reclamos y una lista de gobernadores que esperan —como siempre— que el Interior sea eso: un puente, no una frontera.
Y ahí, en ese puente, Salta y el Norte Grande vuelven a mirar con expectativa.
Porque cuando se habla de “federalismo real”, todos asienten, pero pocos saben traducirlo en obras, en infraestructura o en recursos que lleguen a tiempo.
La esperanza está en que Santilli, con su experiencia de gestión y cintura política, entienda que el Interior no empieza en Rosario ni termina en Córdoba, sino mucho más arriba, donde las rutas son largas, los precios son otros y la paciencia también se agota.
El Norte quiere ser parte del tablero, no la ficha que se mueve al final.
La política, decía Tato Bores, es el arte de prometer lo que no se puede cumplir, pero con una sonrisa convincente.
Quizás la novedad de Santilli sea intentar romper esa racha: que las palabras no sean solo titulares, sino políticas.
Y si eso ocurre, quizás por una vez la historia no se repita.
Aunque —por si acaso— mejor no apagar el aire acondicionado todavía.







River Plate cayó ante Aldosivi en Salta y quedó eliminado de la Copa Argentina


Viento Zonda en Salta: cómo afecta a personas con asma, alergias e hipertensión

Riesgo extremo de incendios en Salta por el viento Zonda: está prohibido hacer fuego




