
Comunicación

Hace 105 años en un día como hoy se producía la primera transmisión de radio masiva en la historia del país y del mundo. Casi como una anécdota se recuerda a los “los locos de la azotea”, un grupo de amigos que desde los techos del Teatro Coliseo, en Buenos Aires, con un equipo de comunicación mínimo emitieron en vivo la ópera Parsifal de Richard Wagner. Sin embargo, este hecho destaca una característica que más de un siglo después se sostiene y se expresa en tres premios Nobel a la ciencia.
Después de aquella primera transmisión con fines de entretenimiento y a pesar de la enorme presencia de la televisión y las nuevas tecnologías digitales, la radio mantiene la fuerza con la que nació y que le permitió ocupar todos los espacios domésticos, sociales y territoriales que ningún otro medio de comunicación tiene.
Los análisis especializados destacan su poderoso impacto en la sociedad, su valor democratizador de la información y la promoción de la libertad de expresión. Con esa misión, logra que cada persona se apegue a la radio con sus propios objetivos y para satisfacer sus propias necesidades de información, de cultura o de socialización, a través del intercambio que facilita la radio.
Hay una particularidad que quizás sea la que facilita su supervivencia frente a cambios radicales producidos en la sociedad a través del tiempo y en cualquier lugar del mundo. No se discute su gran alcance social porque en muchos casos es el más accesible para la comunidad. Además, se ha medido que se trata de uno de los medios con mayor credibilidad y lejos de ser discriminador, es un elemento integrador en el desarrollo social. Como si le faltara alguna, otra virtud que tiene es su función en situaciones de emergencia porque una radio siempre está al alcance de cualquier persona. A través de ella se transmite en tiempo real la información necesaria y se influye en la conformación de una conducta colectiva.
La evolución tecnológica no la ha marginado; al contrario, ha contribuido a su fortalecimiento. Desde la transmisión analógica, la radio migró a formatos digitales y la transmisión en línea, liderando procesos de innovación. Internet habilitó nuevas modalidades de vinculación con las audiencias ampliando su servicio y asegurando la permanencia como medio de comunicación.
En la Argentina, especialmente en provincias como Salta que tienen poblaciones aisladas, la función de la radio tiene un inestimable valor social para mantener integrada a la población, mientras facilita la comunicación activa entre emisor y receptor. De allí que la política de la Libertad Avanza respecto del papel del Estado en la organización de la comunidad, necesariamente golpeó a una red que precisamente formaba parte de un modelo que ha entrado en un serio riesgo de desintegración. Desde julio de 2024, las 49 emisoras de Radio Nacional fueron obligadas a transmitir la señal LRA1, desde la Ciudad de Buenos Aires, decisión que deja al público sin acceso a la información local y regional.
Un país con espacios y población diversa tenía en este servicio un hilo conductor por donde transitaban demandas y bajaban respuestas. Ahora, amplias franjas deben armar un rompecabezas con las centenares de emisoras que se esfuerzan para cubrir el silencio impuesto por una administración que no considera que la libertad deba ser tan amplia como permitir que cada quien exprese su pensamiento, aporte su creatividad o manifieste sus carencias.
Seguramente la radio seguirá sonando, incluso para aquellos argentinos que salieron al mundo a construir su destino pero una radio lo regresa a su lugar.
Salta, 27 de agosto de 2025







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