
Bandera

Más de doce horas de sesión obligaron a ceder y no hubo ganadores ni perdedores natos. Todos se llevaron algo y también dejaron parte de sus pretensiones hasta el momento en que la presidencia del cuerpo confirmó la falta de quórum y cerró el debate.
El oficialismo confirmó su debilidad frente a un Acta de Labor Parlamentaria que incluyó temas irritantes para el Ejecutivo y si bien salvó uno de los dos vetos que fueron votados, el apoyo recibido fue mínimo. Solo dos votos lo separaron de la derrota, pese a un esfuerzo negociador obligado ante nuevos posicionamientos.
La oposición, que acumuló algunos puntos tras un período de contratiempos variados, no alcanzó sus objetivos y tuvo que aceptar postergaciones ante la posibilidad de perder más de lo tolerable. Llegar a ese punto la obligó a mostrar que un solo sector tiene la fortaleza suficiente como plantar resistencia al gobierno de La Libertad Avanza; es el kirchnerismo, obligado a reconocer que no domina todo el peronismo. La izquierda no abandona sus consignas, que en no pocos momentos la llevan a abstenerse, haciéndole el juego al oficialismo. Otros sectores tienen una flexibilidad muy amplia y responden a la conveniencia de sectores de integración variopinta.
Los gobernadores también tuvieron protagonismo porque sus necesidades financieras los llevaron a usar el voto de los legisladores que les responden como figuritas de intercambio en las negociaciones con el Ejecutivo. Fue notorio y expuesto en el debate del pasado miércoles en distintos momentos, especialmente cuando se acercaba el momento de votación. La introducción de dos proyectos de interés de los mandatarios, que asumen la autoría de los mismos, los convirtió en parte de la puja instalada en el recinto y tuvieron que soportar críticas, aunque también lograron apoyos. Además, quedó en evidencia que el frente homogéneo alcanzado para demandar recursos se ha resquebrajado por la claudicación de algunos de sus miembros. Y esa posición tiene un precio.
Cabe señalar que la oposición logró insistir en la sanción de la emergencia en discapacidad pero no alcanzó igual resultado para sostener un aumento muy acotado de haberes jubilatorios. Finalmente se resignó a postergar el debate sobre dos vetos: a la extensión de la moratoria previsional y al fondo de emergencia para asistir a Bahía Blanca, luego de una devastadora inundación. Y los gobernadores celebraron que se convirtiera en ley la redistribución de los Aportes del Tesoro Nacional, a costa de escuchar que se los acusara de derrochar recursos y sacrificar el verdadero federalismo sometiéndose al centralismo del gobierno nacional. Quedó para mejor ocasión la ley referida al impuesto a los combustibles líquidos.
Del debate quedó el reclamo por ordenar la administración del Estado, con un presupuesto aprobado por el Congreso para cada ejercicio fiscal, a fin de evitar intervenciones legislativas que son parches para problemas estructurales. También la demanda de un sinceramiento de políticas públicas como el superávit fiscal ficticio que se construye con recursos de otras jurisdicciones y el planteo de encarar las reformas impositiva, laboral y previsional, para no demorar los cambios de fondos planteados en la Ley de Bases y en el Pacto de Mayo.
También demostró que terminar con la corrupción debería ser la bandera de la política argentina porque es la gran materia pendiente en el manejo del Estado en sus distintos niveles.
Salta, 21 de agosto de 2025






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