
Uno de cada cuatro argentinos presenta síntomas de ansiedad y depresión

En 2023, un año marcado por la inflación y la recesión, el 26.7% de la población reportó malestar psicológico, la cifra más alta desde que comenzó la medición hace 20 años.
La salud mental dejó de ser un tema tabú, y tanto jóvenes como adultos se animan cada vez más a hablar sobre las cuestiones que afectan su estabilidad psíquica. Según otro informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el 45.5% de los argentinos atraviesa una crisis vital o económica, y el 9.4% está en riesgo de sufrir un trastorno mental.
Factores que influyen en el aumento del malestar psicológico
Solange Rodríguez Espínola, doctora en Psicología y coordinadora del equipo Capital Humano y Bienestar del ODSA, explicó que han evaluado a personas con altas puntuaciones en ansiedad y depresión desde hace muchos años. Después de la pandemia y con la crisis económica, ocupacional e inflacionaria, estas condiciones se han incrementado. El malestar psicológico afecta a una de cada cuatro personas en el país.
Flavio Calvo, doctor en Psicología y docente, añadió que las desigualdades económicas y laborales, la precarización laboral y el desempleo son factores clave que contribuyen al aumento del malestar psicológico en Argentina.
La inflación y las recurrentes crisis económicas generan una sensación de incertidumbre y ansiedad en las personas, deteriorando la calidad de vida y aumentando el estrés y la ansiedad entre los trabajadores.
Quiénes sufren más la ansiedad
Según Rodríguez Espínola, en el período post pandemia y en situación de crisis, el malestar psicológico impacta especialmente en los estratos socioeconómicos medios. Aunque la ansiedad y la depresión son más prevalentes en mujeres, el contexto de crisis económica afecta a toda la población, con un impacto mayor en aquellos con menos recursos.
Calvo destacó que, si bien el malestar psicológico no distingue entre clases sociales, las personas con un nivel socioeconómico más alto tienen más recursos para afrontar la ansiedad y la depresión, como mejor acceso a servicios de salud y una red de apoyo social más fuerte.
Por otro lado, la falta de dinero genera una constante preocupación sobre la capacidad de satisfacer necesidades básicas como vivienda, alimentación y salud, aumentando el estrés y la ansiedad en los niveles socioeconómicos más bajos.
Con información de Infobae


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