Opinión Natalia Nieto 17/03/2021

La transparencia de un gobierno no es una opción y sí una obligación

¿Dónde quedamos las ciudadanas y ciudadanos en medio de tanto velo, si en Salta, lo que cuestiona el microclima político es la falla en la comunicación oficial y no de la gestión? Digo esto, porque después de la vergonzosa saga de ocultamientos, al Gobierno provincial solo le queda recuperarse de tantas idas y vueltas con otras maniobras, porque la de de informar con precisión y certeza sobre la vacunación a personal estratégico, ha venido fracasando de cabo a rabo.

Desde que supimos el 20 de marzo del año pasado que debíamos quedarnos en casa, por la ya “famosa cuarentena” y que regía el aislamiento social, preventivo y obligatorio; más las pruebas y errores en las formas de enfrentar la pandemia para todos los gobiernos del mundo; y hasta que las investigaciones empezaron a hablar de las primeras pruebas de la vacuna contra la COVID 19, solo había incertidumbre. 

Demasiada para una población que espera de sus gobiernos, la palabra precisa y certera sobre cómo enfrentar las consecuencias de un virus que sorprendió al mundo.  

Si cualquier especialista sanitario sabía que la clave de todo, iba a estar en “la vacuna“, de la que empezó a conocerse en julio del año pasado; cualquier integrante avezado y con un poco de sentido común de este Gobierno, podría haber supuesto que centrar la planificación, información y transparencia en torno a la vacunación, era la única forma de sostener una gestión golpeada por la pandemia, sus consecuencias económicas y también, por sus propios errores, de los cuales hemos sido testigos durante los últimos 15 meses. 

Tal parece que no se escucha a los propios asesores, como Bernardo Biella, quien anticipó en julio pasado que “la vacuna será la salvadora”. En esa oportunidad, cuando estuvo en El Acople, también advirtió que la situación de psicosis generalizada por el coronavirus “se ha desmadrado al haber tanta información y tanta noticia falsa”, lo que “genera pánico y el virus del pánico es el peor virus que podemos tener”. 

Pues bien: suponer que el Gobernador no sabía de qué iba a hablar este martes el ministro de Gobierno, Derechos Humanos, Trabajo y Justicia, Ricardo Villada, porque estaba realizando gestiones en Buenos Aires, no es algo que podamos aceptar tan livianamente. Porque estar en Capital Federal, no impide estar comunicados. Por otra parte, cuando Villada le dice a la población que “ni el gobernador Gustavo Sáenz ni su entorno familiar fueron vacunados contra el coronavirus”, no nos alcanza. Al contrario: todos querríamos que nuestro inquieto y movedizo mandatario estuviera inoculado y protegido. Porque es el primer estratégico de la gestión. 

Pero entonces… el hecho de que el Gobernador diera una orden de iluminarnos a todas y todos, desde allá, sobre “la lista”; es una estrategia para reforzar solo su imagen, después de una vergonzosa conferencia en la que uno de sus ministros, habló mucho y no dijo nada? 

O no hay estrategia y mientras Sáenz habla con Dios, (porque atiende en Buenos Aires) y desde allá, ordena que todo se transparente, nos damos cuenta que no se trata de un tema de comunicación y sí de gestión?

Justamente este lunes, el consultor Pedro Buttazzoni marcó esa diferencia y precisó que el gobernador Sáenz tiene una imagen positiva alta que supera el 60%, pero aclaró que todavía los problemas de gestión se desacoplan de su figura personal. Para ser claros: la imagen de su equipo no va de la mano de la propia.

Entonces, ¿por qué no privilegiar lo importante y evitar la seguidilla de crisis, que en la escalada terminan perjudicando la credibilidad del plan de vacunación; del Gobierno y de sus funcionarios? 

¿Por qué, si los primeros indicios de vacunas efectivas se conocieron en julio del año pasado, hoy, pasada la mitad de marzo, el COE determina qué personal debe ser vacunado en Salta? ¿Por qué no hay previsión en el tema más importante de la agenda salteña, nacional y del mundo? Porque hay personal estratégico, pero no estrategia.

Desde el inicio de la pandemia, Salta sumó casi 28 mil contagios. Hasta el lunes, habían muerto casi 1200 pacientes. Hoy, hay miles de salteñas y salteños con enfermedades prevalentes; en edad de vacunarse y con necesidades urgentes.

Entonces, es hora de darse cuenta que a tres días de cumplirse un año del decreto de la cuarentena, el Gobernador ya no podrá seguir diciendo que “no es fácil gobernar en medio de una pandemia”. Él y especialmente su equipo, algo deberían haber aprendido. Especialmente, cuáles son las prioridades y por qué, la transparencia y la información sobre qué hace un gobierno, no es opción y sí una obligación

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