Roban camionetas en Salta y cruzan a Bolivia: recuperarlas exige “contactos y mucha plata”
El reciente robo de una camioneta perteneciente al hijo del intendente de Salvador Mazza, Gustavo Subelza, volvió a encender una discusión que excede ese episodio: qué ocurre con los vehículos sustraídos que cruzan hacia Bolivia y por qué resulta tan difícil recuperarlos.
Adrián Zigarán, exinterventor de Salvador Mazza y actual interventor de Aguas Blancas, aclaró en Vale Todo por Aries que en el último hecho no maniataron al hijo del jefe comunal, sino al encargado del lavadero. La camioneta, precisó, sí pertenecía al hijo de Subelza.
“No los ven nunca más”
A partir de ese episodio, Zigarán recordó que durante su paso como interventor Salvador Mazza llegaron a robar tres camionetas juntas, que según afirmó fueron trasladadas a Bolivia.
“No las ven nunca más”, sostuvo, y aseguró que recuperar un vehículo requiere contactos y, en algunos casos, importantes sumas de dinero. Para el funcionario, se trata de un problema que debería formar parte de la agenda de Cancillería.
También relató que poco antes de dejar Salvador Mazza le robaron un tractor 0 km y cuestionó la falta de colaboración para recuperar bienes que atraviesan la frontera. “Hay muchas cosas raras en Bolivia que hay que solucionar”, afirmó.
Una denuncia sobre coimas y vehículos desarmados
Zigarán relató además el caso de un hombre de Jujuy que habría recuperado una camioneta del otro lado de la frontera. Según su versión, cuando fue a buscarla le exigieron 10.000 dólares y, ante la negativa a pagar, el vehículo terminó desmantelado.
El interventor aseguró que el episodio quedó registrado y utilizó el caso para reclamar mayor cooperación entre ambos países.
La asimetría que cuestiona Zigarán
La crítica también alcanzó los controles comerciales. Zigarán sostuvo que las autoridades bolivianas imponen fuertes restricciones a las mercaderías que sus ciudadanos compran en Argentina, mientras —según cuestionó— la respuesta frente a delitos que afectan a argentinos no tendría la misma intensidad.
Lo resumió con una comparación particularmente dura: afirmó que del otro lado de la frontera se presta más atención a “diez fardos de harina” que al eventual paso de “diez kilos de cocaína” hacia Argentina.
El funcionario reclamó que estos problemas formen parte de una discusión bilateral más amplia sobre seguridad, vehículos robados, narcotráfico y comercio fronterizo.