Opinión05/06/2026

Reflexión

El próximo domingo es el Día del Periodista, que se celebra en la Argentina por decisión del primer congreso que reunió, el 25 de mayo de 1938, a los profesionales del sector. Ochenta y ocho años después, sigue siendo una fecha relevante, aunque para la reflexión no para el festejo.

No son buenos tiempos para la prensa; en el país -y la Provincia no es una excepción- como actividad laboral atraviesa un período de precarización y como mediadora entre el ciudadano y el poder político, tiene que sortear graves dificultades. El último informe mundial sobre Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras dio cuenta que la Argentina ocupa el puesto 98 sobre 180 países considerados respecto de. En los últimos 25 años, el país descendió 11 posiciones y se ubica en la categoría "difícil" para el ejercicio del periodismo. Ello es debido a un clima de hostilidad institucional que se origina en la confrontación discursiva del gobierno nacional hacia periodistas y medios, a quienes se suele tratar con calificativos negativos. Además, hay restricciones en el acceso a las fuentes de información.

Es la parte visible de una compleja situación configurada por un conjunto de factores donde los de orden económico son los más condicionantes. Ello ha llevado a que se trate de una profesión con bajos salarios y con una oferta de empleos de mala calidad en un mercado muy concentrado. Los medios independientes tienen escasas probabilidades de alcanzar sustentabilidad y la proyección hacia el futuro no es alentadora.  Es una actividad que se está caracterizando por el pluriempleo.

La tecnología tiene un impacto muy fuerte en el campo de la comunicación y ese es otro elemento que ha reconfigurado el escenario en el que se desenvuelve la tarea de la prensa. Puntualmente en Salta, son reducidas las posibilidades de sostener un medio con el mercado publicitario privado y la mayoría de las iniciativas prosperan con la publicidad oficial, generando una dependencia financiera que suele condicionar la línea editorial.

Y ese es el punto que puede convocar a la reflexión y a impostergables debates. La libertad de expresión no es patrimonio de la prensa. Es un bien social, un derecho humano fundamental que garantiza a todas las personas la capacidad de buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole, por cualquier medio y sin fronteras, sin temor a sufrir censura, persecución o represalias.

La libertad de expresión es vital para la democracia pero no es un derecho absoluto y puede tener restricciones legales orientadas a proteger otros bienes comunes. Pero nunca deben llegar al extremo de anularla. Tiene una extensión, que es la libertad de prensa. Se trata del  

derecho de los periodistas y medios de comunicación a investigar, publicar y difundir información de interés público sin interferencias, presiones o censura previa por parte del Estado o de poderes privados. Garantiza que la sociedad pueda conocer y debatir sobre asuntos de interés general y generar corrientes de opinión pública.

Pero no alcanza con su enunciación. Se debe asegurar su ejercicio y no echar mano a prácticas que sirven prioritariamente a quienes la ejecutan. Ello se puede observar en el modelo de comunicación que desarrollan el presidente Javier Milei y el gobernador Gustavo Sáenz. Se trata de una estrategia basada en redes sociales, transmisiones digitales y canales propios, reduciendo progresivamente la intermediación periodística tradicional. 

Es válida pero no debe ser la más importante. Deben informar, dar explicaciones, responder los planteos y acoger las demandas que se transmiten a través de los periodistas.

Esa es la tarea de la prensa y no la va a abandonar. Es el compromiso que se renueva cada 7 de junio.

Salta, 05 de junio de 2026

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