Transformar el dolor del pasado en la esperanza de un mañana mejor
El martes pasado, Salta amaneció con su silencio típico de feriado y a muchos de nosotros nos despertó una sensación encontrada, una mezcla de angustia y nostalgia, pero también de fraternidad y esperanza. Así son las sensaciones que nos movilizan a quienes llevamos años transitando la política o participando de proyectos colectivos.
Antes de que la Plaza 9 de Julio se llenara de carteles y banderas, nos refugiamos en una vieja y acogedora confitería de la época que logró sobrevivir a las modas. Ahí, como en tantas otras vigilias, compartimos un desayuno íntimo con amigos y militantes de toda la vida. Entre el aroma del café y las anécdotas de tiempos difíciles, confirmamos que la memoria no es un ejercicio de revancha, sino un acto de amor por la verdad que nos permite proyectar el país que queremos.
El encuentro matutino fue el preámbulo de una jornada reconfortante. Ver la participación masiva en la marcha por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia —una de las más importantes que recuerde nuestra ciudad— nos devolvió la certeza de que el "Nunca Más" es un juramento vivo en el corazón de los salteños.
La marcha inició en la plaza, continuó por la Zuviría hasta la avenida Belgrano, ahí se pudo apreciar la magnitud: mientras las primeras columnas empezaban a girar en la Bicentenario con dirección al Parque San Martín, todavía había cientos de personas iniciando el recorrido desde el punto de partida. Siete cuadras por lo menos. Un feriado por la mañana. Afortunadamente, podemos decir que la sociedad no está dormida.
Y como lo expresé en algunas entrevistas durante el recorrido, recordar la noche negra de la dictadura solo tiene sentido si lo hacemos con la mirada puesta en el futuro, defendiendo la dignidad humana y su posibilidad de realización. Fue emocionante cruzarse con tantas familias y jóvenes, gente de todos los partidos y de todos los sectores sociales. En esa convivencia democrática es donde realmente se reconstruye la paz social que tanto necesitamos.
Esa misma perspectiva de futuro fue la que compartimos hace unos días en General Güemes junto al gobernador Gustavo Sáenz. Allí, durante la entrega de manuales y kits escolares, se puede identificar una síntesis bien gráfica entre cómo se vincula la historia con el presente y el futuro. No hay ejercicio de la memoria más potente que garantizar la educación pública, porque es el aula la que nivela hacia arriba y genera igualdad de oportunidades para nuestros chicos, sin importar el rincón de la provincia donde vivan.
Como dice el gobernador, si a la provincia le va bien, le irá bien a la Nación; y para que nos vaya bien, la educación debe construir igualdad, progreso y desarrollo.
Para cerrar, recordar lo que nos pasó como sociedad nos obliga a cuidar las instituciones y a fortalecer un Estado cerca de las necesidades de la gente. Al final del día, la política se honra cuando logra transformar el dolor del pasado en la esperanza de un mañana más libre, justo y solidario para todos los salteños.