El orden como base de la libertad
Primero quiero agradecer a Mario y a todo el equipo de Aries que me da esta posibilidad de compartir con ustedes estas columnas que iré trayendo cada semana.
Hoy vamos a hablar de los límites y el orden, y de su necesidad indispensable. Es un tema central de estos tiempos que estamos viviendo, porque son la base fundamental para materializar una vida en comunidad y para realizarnos verdaderamente como personas.
Lamentablemente, durante mucho tiempo nos hicieron mirarlos con desconfianza. En parte de nuestra sociedad, las palabras ‘límites’ y ‘orden’ suelen despertar un eco incómodo, porque fueron asociadas a los capítulos más oscuros de nuestra historia, a la represión y al autoritarismo.
Sin embargo, lo que tenemos que entender es que si continuamos estigmatizando el orden y los límites, vamos a seguir perdiendo la oportunidad de construir una sociedad verdaderamente libre: aquella que solo se construye dentro de un marco de reglas claras, previsibilidad y autoridad responsable.
Mal que pueda pesarle a algunos, la verdadera libertad no existe sin límites. Y el orden no es el enemigo de la libertad… es en realidad su condición indispensable.
Lo vemos en la calle, en las redes sociales, en las escuelas y fundamentalmente en las viejas concepciones de la política. Es triste pero cierto: muchas personas se conducen como si sus derechos fuesen absolutos, por encima del derecho de los demás. El resultado que todos soportamos es más violencia, más anomia y más fragilidad social.
El politólogo Samuel Huntington lo explicó con una claridad brutal: “Los hombres pueden tener orden sin libertad, pero no pueden tener libertad sin orden”. Porque la libertad requiere normas claras y una autoridad legítima que las haga cumplir, entendiendo que los cargos son cargas y no privilegios.
En Salta estamos trabajando exactamente en eso. Recuperando autoridad responsable en las escuelas, con protocolos claros contra el bullying y otras formas de violencia, estableciendo límites al uso de celulares en el aula, en un marco de corresponsabilidad con las familias. No con la idea de reprimir, sino para generar un ambiente donde nuestros chicos sean realmente libres: libres de aprender, de crecer y de construir un futuro con dignidad.
Porque una sociedad sin límites no es una sociedad libre. Es una sociedad donde siempre gana el más fuerte, el más violento o el que grita más fuerte.
Salta merece, y necesita, una libertad con orden y con límites. Esa es la libertad que vamos a defender, con firmeza y sin complejos.
Hasta la próxima columna
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