Belgrano

Opinion 20 de junio de 2022 Por Mónica Bianchi
En estos momentos de tanto desprestigio de los políticos y de los argentinos porque ellos provienen de nuestras familias, recordar a Manuel Belgrano nos hace bien.
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Moría un día como hoy 20 de junio de 1820 habían transcurrido diez años de la Revolución de mayo de 1810 las Provincias Unidas del Río de la Plata como se nos conocía, estaban más desunidas que nunca. En ese día en Buenos Aires se habían proclamado tres gobernadores y pasó a la historia porteña con ese mote, EL DÍA DE LOS TRES GOBERNADORES, cualquier parecido con la actualidad no es casualidad, a nivel nacional se recuerda la época como LA ANARQUÍA DE 1820.

Era el momento en que los gobiernos provinciales afianzaban sus dominios, la lucha entre las regiones del interior contra el centralismo porteño costó innumerables vidas y a eso se sumaba el asedio de gobiernos extranjeros dispuestos a quedarse con partes de imperio español en larga decadencia. Los portugueses, los ingleses y también los caciques de la provincia de Buenos Aires alentados por el chileno Carreras, estaban mordiendo territorios tanto del litoral como de la pampa. Pero dentro de cada provincia también se enfrentaban los que se beneficiaban con el monopolio del régimen anterior y los que querían libertad económica y política.

En los comienzos de las luchas por la supuesta independencia se dudaba si seguir siendo parte del imperio español cuyo rey estaba preso de los franceses o crear una monarquía con un rey de la familia inca como sugería Belgrano entre otras posibilidades. Es que alzarse solitos sin la protección de algún imperio poderoso era exponerse a la codicia de los otros imperios que tenían el poder de su economía, ejército y armada.

En este contexto Belgrano miembro de una riquísima familia que lucraba al amparo de las leyes de España y su monopolio, estudia en Europa donde se recibe de abogado y a su regreso es nombrado en el Consulado, el órgano rector del comercio en Buenos Aires. Pero en el viejo continente le llegan las ideas de las revoluciones inglesa y francesa y van germinado en él los principios de igualdad, libertad, fraternidad. Poco a poco evoluciona de ser un ambicioso y rico joven criollo deseoso de acomodarse en la corte española a él patriota que hoy conocemos.

Patriota porque antepone el bien común al propio, siendo hombre de leyes acepta sumisamente que lo manden a combatir al Paraguay en defensa de nuestra incipiente república, después al litoral donde en la desesperación ante la indefinición de los porteños para animar a sus soldados y diferenciarlos de los enemigos inventa una escarapela y bandera, por lo que encima lo retan. Trata de formarse militarmente como puede a los ponchazos como decimos, se ve en la necesidad de convertir gauchos en soldados a medida que marcha al combate pero ante todo con ejemplo y testimonio de disciplina, austeridad y compromiso. Era su característica donar la mitad de sus sueldos para lo que se necesitara, principalmente educación pública y gratuita, su gran preocupación. La causa sagrada de la patria se convierte en una obsesión que busca su realización a cualquier precio, incluso de su ya quebrantada salud, y hasta la renuncia a formar una familia. Se rescatan de sus cartas frases que lo pintan de cuerpo entero como “tengo la sangra quemada al ver como se pospone el interés general”

 También en otra carta a Martín Güemes desde Tucumán escribe en 1816 ”nos han traído sablecitos de abordaje, los ingleses y norteamericanos, después de sus guerras marítimas nos vienen a vender lo que no les hace falta y nosotros todo agarramos, cuando con lo que se ha gastado en eso, podía yo hacer aquí excelentes espadas”

En otra misiva a Güemes al año siguiente dice ante la amenaza de España o los portugueses “si en nosotros hay unión y resolución nada debemos temer, en la inteligencia de que nadie nos ha de vencer si poseemos tan preciosas cualidades”

En fin Belgrano se las jugó por nosotros por los hijos de sus hijos como quien dice, murió en la pobreza por darlo todo, es famosa la anécdota que obliga al médico que lo atiende a aceptar su reloj en forma de pago. Se jugó como tantos otros héroes desconocidos que ayer y hoy siguen sobreponiéndose a las tentaciones de siempre, el dinero y sus lujos, el poder y la falsa gloria. Gente que en los campos de batalla de, la administración pública y privada de salud, educación, justicia, comercio se sacrifican haciendo el bien en medio del “no te metás” “hacé la tuya” “robo para la corona”

A esos infinitos y anónimo héroes y heroínas desconocidos ¡¡¡ VIVA LSA PATRIA!!!!

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