
Retorno

A pocos días de la apertura de un nuevo período escolar, la principal definición ya ha sido adoptada y seguramente cada sector protagónico de este proceso deberá realizar la adecuación correspondiente, tras dos años de una rutina alterada. No se trata de volver a dónde se estuvo ausente sino de ir adaptando conceptos que se incorporaron con la pandemia, a una realidad modificada.
Gobierno, docentes y familia deberán tomar el peso de lo que se vivió desde 2020. “Cuando repentinamente los vínculos pedagógicos se suspendieron, quedó a la vista la importancia de las instituciones educativas”, destacó la especialista Adriana Puiggrós. Y ese es el dato que tendrá que elaborarse en esta etapa.
No habrá mayores restricciones porque el conjunto de la sociedad ya está en un proceso de recuperación total de la cotidianeidad de forma cuidada. De allí que las escuelas funcionarán sin burbujas; solamente serán exigibles los barbijos y medidas habituales de higiene personal. Por lo demás, los desafíos a encarar son los de siempre.
No se ignora que los problemas de la educación en Salta, el país y en Latinoamérica son similares y al momento de la irrupción de la pandemia configuraban una situación que exigía urgentes y profundas soluciones. Los más evidentes se vinculan al estado de los edificios, que definen espacios limitados frente a una creciente demanda y reflejan, además, las dificultades que genera la mala calidad de la prestación de otros servicios públicos, como agua y cloaca.
El recurso humano es otra área conflictiva y compleja. Cantidad y calidad tienen mucho que ver con recursos financieros limitados y abarcan a todo el espectro de tareas. En Salta, no hay suficiente personal de maestranza y la carencia es notoria respecto de gabinetes psicopedagógicos. Los docentes necesitan capacitación permanente y es otra cuestión debatible, no solo por razones de actualización sino de definición del proyecto de educación que la Provincia demanda.
A esos problemas de vieja data ahora se suman los que generaron los pasados dos años, cuando las escuelas se cerraron y quedaron afuera quienes no pudieron incorporarse a una modalidad que, con mucha improvisación, trató de salvar el abismo que se iba abriendo. A los desertores del nivel medio que el sistema no lograba reingresar, se agregaron los que no tenían ninguna posibilidad de acceder a recursos tecnológicos y los que quedaron sin un espacio concreto de contención como es el colegio y sus docentes. La virtualidad les fue ajena.
Al cierre del período electivo anterior se estimó en casi 3.000 la cantidad de estudiantes que abandonaron sus estudios en marzo del 2020. Con la vuelta a las aulas sin condicionamientos se podrá verificar el volumen actual de la pérdida pero también la envergadura de la experiencia adquirida por quienes tienen las mayores responsabilidades en devolver los sueños a niños y jóvenes que se están formando. O lo intentan.
Salta, 11 de febrero de 2022







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