Una multitudinaria e inédita protesta en las calles sorprende al régimen cubano

El Mundo 12 de julio de 2021
Miles de cubanos marcharon en San Antonio de los Baños; el movimiento empezó a extenderse a otras localidades
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Una histórica ola de protestas se desencadenó ayer en el interior de Cuba y llegó horas más tarde a La Habana. Cientos de ciudadanos se desplegaron por el emblemático Malecón, en las protestas más contundentes contra el régimen comunista desde el llamado “Maleconazo” de 1994, al calor de las manifestaciones que recorrían la isla de oriente a occidente. Y como entonces, fueron sacados a golpes por las fuerzas gubernamentales.

Pero no se conformaron: los manifestantes continuaron con sus reclamos en las cercanías del Capitolio, en la calle Obispo, en Centro Habana… Miles de personas, muchos jóvenes, corearon un grito que siempre fue sospechoso para el castrismo, “¡Libertad!”, tras 62 años de dictadura.

En San Antonio de los Baños, en Cárdenas, en Palma Soriano, en Camagüey, en Guantánamo, en Bauta, en Artemisa, en Güiria, en Alquízar y en otros municipios se escucharon los mismos gritos por la libertad perdida hace tanto tiempo.

Manifestaciones espontáneas al ritmo de la canción “Patria y Vida”, que se ha convertido en un símbolo de los disconformes con el castrismo y que contradice el “Patria o Muerte” impuesto por Fidel Castro a todo un país. Los mismos gritos repetidos en cientos de gargantas: “Sí se puede”, “No tenemos miedo”, “Abajo el comunismo, abajo la dictadura”, incluso en reclamo de vacunas.

“Es algo inédito, protestas en varios sitios con reclamos políticos, miles de personas. Muy superior al Maleconazo”, confirmó a LA NACION el historiador cubano Armando Chaguaceda. Aquel día de agosto de 2004, cientos de cubanos se lanzaron al malecón y reventaron a pedradas la recepción del Hotel Deauville y locales comerciales. Fidel Castro en persona acudió para sofocar a los levantiscos y contó para ello con el apoyo de las brigadas Blas Roca, una mezcla de albañiles musculosos y paramilitares defensores de la revolución. Fue el inicio de la crisis de los balseros y de la huida de miles de cubanos hacia Estados Unidos.

“Lo de Cuba es un estallido social en toda regla. Es un movimiento horizontal y antiautoritario”, resumió el historiador Rafael Rojas.

La ventana abierta por Internet venció el oscurantismo de otros tiempos y facilitó que los vídeos difundidos a través de Facebook, Twitter y por mensajería instantánea corrieran de teléfono en teléfono. El gobierno no dudó en cortar o dificultar tanto el servicio de Internet como el telefónico, que incluso permaneció censurado durante horas tanto en zonas de La Habana como en municipio del interior.

La revolución castrista estaba decidida a todo, como dejó muy claro el presidente Miguel Díaz-Canel en su aparición televisiva tras visitar San Antonio de los Baños, uno de los municipios rebeldes: “Tienen que pasar por encima de nuestros cadáveres y estamos dispuestos a todo. No vamos a admitir que ningún mercenario y contrarrevolucionario provoque un estallido. Convocamos a todos los revolucionarios y comunistas a enfrentar en las calles estas manifestaciones. No vamos a permitir que nadie manipule para imponer un plan anexionista”.

Periodistas independientes alertaron sobre el comienzo de la represión y el despliegue de las fuerzas especiales en distintas zonas de La Habana. Organizaciones de derechos humanos reportaron las primeras detenciones arbitrarias y los primeros golpeados. Las filas de los ya muy perseguidos periodistas independientes contaban sus primeros desaparecidos.

“Es un hechos sin precedentes, miles salen a protestar pacíficamente en varios puntos de Cuba. Díaz-Canel les acusa de mercenarios y vendidos al imperio, y llama a sus simpatizantes a combatirlos violentamente. Deja claro que su gobierno es un violador de derechos humanos y represor”, criticó Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

Pese al hostigamiento, los vídeos ya corrían como la pólvora en la red cubana cuando el Movimiento San Isidro, conformado por artistas e intelectuales, hizo un llamamiento al pueblo habanero para que saliera al emblemático Malecón. Al frente de este movimiento figura el artista Luis Manuel Otero Alcántara, detenido durante un mes de forma arbitraria en un hospital habanero. “Me voy al Malecón me cueste lo que me cueste”, clamó el artista a través de sus redes. No lo dudó ni un solo minuto.

Cuba padece una sempiterna crisis económica, agravada por la pandemia, lo que ha provocado una nueva ola de represión de las autoridades. El crónico desabastecimiento de medicinas y productos básicos se ha agudizado en los últimos meses, mientras se ampliaban las colas para buscar comida y el dólar se disparaba en el mercado negro. Los apagones eléctricos también se suman al calvario cotidiano de la isla hastiada, que observa cómo sus jóvenes apuestan por la emigración como la única salida a sus vidas. Cuando se pierde casi todo, también se pierde el miedo.

Las tiendas en dólares, tan criticadas desde que el gobierno impuso la reforma cambiaria a principios de año, fueron objeto de saqueos, tal y como se pudo comprobar en videos subidos a las redes sociales por distintos ciudadanos.

Todo esto sucede cuando el Covid-19 rompe récords cada día, donde se reportan cifras oficiales de muertos que no encajan con los aportes informativos de medios independientes.

En las horas previas a las protestas, las redes sociales se llenaron de las etiquetas #SOSCuba y #SOSMatanzas, ante la ola crítica de covid que sufre el país y en especial la provincia matancera, en donde está situado el balneario de Varadero. Un grupo de artistas, encabezados por Daddy Yankee y Ricardo Montaner, reclamaron la apertura de un corredor humanitario para enviar ayuda a la isla.

La Nación

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