
Democracia

La Argentina celebra hoy el Día de la Restauración de la Democracia, que conmemora la asunción de Raúl Ricardo Alfonsín a la Presidencia de la Nación, tras ocho años de cruenta dictadura. La fecha ha sido instituida por Ley 26.323, sancionada en 2007, con el objetivo de promover los valores democráticos, resaltando su significado histórico, político y social.
Algunos especialistas destacan al 10 de diciembre de 1983, que es el día inspirador, como una de las fechas más importante de la historiografía argentina, sin batallas ni próceres de bronce. Solo fue una tarea de casi 18 millones de ciudadanos, liderados por dirigentes de partidos políticos que se plantearon como objetivo la recuperación de la democracia.
La dolorosa experiencia que precedió al capítulo que se inició en esa fecha enseñó que la democracia es mucho más que elegir a las autoridades cada cierto tiempo; es un sistema político dentro del que las relaciones sociales se ordenan sobre el respeto, la dignidad, libertad, fraternidad e igualdad de derechos y deberes. No se trata de valores políticos sino de actitudes fundamentales que deben aplicarse en todos los órdenes de la vida.
En casi cuatro décadas, la principal tarea de los argentinos fue aprender a valorar situaciones que hoy son cotidianas como –tal expresara Alfonsín en su discurso de asunción- que “sólo sea el pueblo, por su libre voluntad y dentro de las instituciones democráticas, quien sea el único que juzgue y corrija los errores de un gobierno. El dolor que vivimos nos ha enseñado que cada vez que se coarta el camino hacia la democracia, la inmensa mayoría de los argentinos termina perjudicándose”.
Ya hay otra generación ocupando los principales lugares del poder político, económico y social y con sus actitudes demuestra que la aspiración máxima de los líderes que la precedieron es una confirmación contundente: ni las discrepancias o desencuentros más profundos ni los fracasos más lamentables pueden alterar el orden constitucional. Lo demás está por hacerse.
Falta transitar un largo trecho para afirmar que se vive democráticamente. Se observa que hay una tendencia a convertir en enemigo al que piensa distinto y la confrontación de intereses no se resuelve con el diálogo o la negociación. La llamada grieta es la expresión de bandos irreconciliables que suponen que representan el pensamiento de mayorías cuando solo están incurriendo en malas prácticas.
Hay que seguir trabajando sin cambiar de método ni abandonar el combate. Hay que alcanzar la meta para dejar un legado a los están emergiendo como la posteridad.
Salta, 10 de diciembre de 2020







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