
La estafa emocional de los libertarios

El contrato era simple: "No somos como ellos". Pero el poder, ese espejo implacable, empezó a devolverles un reflejo incómodamente familiar.
Hoy, la mentada "superioridad moral" de los libertarios se está descascarando a la vista de todos. Lo que ayer era "curro", hoy es "necesidad de gestión". Lo que ayer era "nepotismo", hoy es "gente de confianza". El discurso contra los privilegios se ahogó en el primer despacho oficial.
No hace falta buscar demasiado: designaciones de familiares con sueldos astronómicos mientras se predica la austeridad; el uso de la estructura estatal para fines personales; y ese silencio cómplice ante las manchas propias que antes eran gritos frente a las ajenas. La "motosierra" parece tener un sensor inteligente: corta hacia afuera, pero se apaga cuando se acerca al círculo íntimo.
Hace apenas un mes, el presidente, Javier Milei, gritaba en el Recinto del Congreso, en lo que debió ser un acto solemne como es el inicio de Sesiones: ¡Chorros! ¡Delincuentes! ¡Me encanta hacerlos llorar! Los destinatarios, los kirchneristas, hicieron sobrados méritos para merecer esos calificativos. Pero con el eco de esos insultos todavía retumbando en las paredes, ahora los sospechados, los acusados, son los propios libertarios. Incluso el propio presidente de la Nación.
El problema no es sólo la corrupción o la falta de ética, que ya conocemos de sobra en la historia argentina. Lo verdaderamente grave es la estafa emocional. Se presentaron como lo "nuevo", lo "distinto", lo "puro". Y hoy, salpicados por las mismas bajezas que denunciaban, demuestran que la casta no era una clase social, sino un vicio del alma que ellos también padecen.
¿En qué momento el "viva la libertad" se convirtió en "viva mi nombramiento"? ¿Cuándo fue que la lucha contra el privilegio se transformó en la captura del privilegio?
Al final del día, el desencanto es doble. Porque cuando la esperanza de un cambio moral se ensucia con las mismas mañas de siempre, lo que queda no es sólo un gobierno cuestionado, sino un país más escéptico, más huérfano y más harto.
Resulta que el león no era tan fiero, o quizás, simplemente le gustaba demasiado el calor del mismo zoológico que prometió incendiar. -







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Política05/04/2026



