Señal

Opinion 26 de noviembre de 2019
La Legislatura Provincial está en el centro de la atención política. Luego de la incorporación al cuerpo de los nuevos miembros, importa saber cómo impactarán en el funcionamiento de Diputados y Senadores los cambios internos. A la nueva conducción de las cámaras deben sumarse los nuevos bloques y el reparto de comisiones, tareas que están en pleno desarrollo.
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La importancia de estos movimientos se muestra en el hecho que la llamada Cámara baja no puede sesionar este martes porque las comisiones no se han integrado y, en consecuencia, no hay dictámenes para diversos temas que esperan ser discutidos y sometidos a votación. El Senado, que tiene a los jueves como día de sesión, convocó a sesión especial para hoy a fin de integrar los grupos de trabajo.

Por delante hay una tarea intensa. Basta mencionar que ya debió prorrogarse el período ordinario de sesiones a fin de analizar el presupuesto 2020, cuyo proyecto no fue girado a Diputados, que constitucionalmente es la cámara de origen. El plazo para que ingrese venció el 15 de setiembre último pero hay un buen justificativo para la demora: el Congreso no hizo lo propio con el proyecto nacional aunque ingresó en tiempo y forma. Detrás de un proceso electoral en marcha, las cifras estimadas quedaron en el vacío y era razonable que así suceda. La propuesta para un cuadro de ingresos y gastos no generó fechas concretas, pero se mantiene firma la estimación que son escasas las posibilidades que el debate se convoque para antes que esté definido el presupuesto de la Nación. Y lo hecho hasta aquí está desbordado por la fuerte devaluación post Paso y un dólar que por estos días está contenido pero puede retornar a su errático comportamiento

Más urgencia demanda la ley de ministerios que no tiene proyecto y hay escasas señales sobre qué dispondrá. Casi con certeza que se reducirá el número de carteras porque todo indica que el próximo gobierno deberá reducir sensiblemente el gasto político. Los números de la economía provincial están ajustados y bordean el precipicio en casi todos los rubros.  No puede ser de otra manera si el pago de sueldos absorbe dos tercios de los recursos, mientras que por lo menos siete puntos del presupuesto deben ir al pago de la deuda que se va a heredar. Cualquier nueva erogación, como la que puede emerger de juicios que pierda la Provincia o un crecimiento por efecto de una nueva devaluación, producirá un desfase que dejará a las cuentas al rojo vivo. 

A esas tareas estrictamente legislativas, los nuevos habitantes del histórico palacio de Mitre 550 deberán agregar la construcción de una oposición a tono con el momento de apertura de un nuevo ciclo institucional. Hasta ahora se han ocupado por delinear el oficialismo, tarea nada sencilla porque el triunfo electoral no fue de un partido sino de un espacio donde se cobijaron múltiples expresiones, no del pensamiento, sino de posicionamientos personales que resultan de la autopercepción de un destino por encima de la medianía del hombre común. Y la derrota en los comicios deglutió viejos caudillos y derrumbó líderes, dejando a la oposición sin referentes para reconocerla. 

A menos en el Senado ya se integraron cuatro bloques y ninguno termina de convencer  que es oposición. En Diputados se estima que se constituirán ocho bloques y cuatro unibloques.  Habrá un interbloque oficialista y si el goteo no termina de vaciar al peronismo, otro tanto ocurrirá con ese sector algunos de cuyos integrantes quieren ocupar uno de los extremos de la confrontación. Pero la mayoría prefiere acercarse al calor del gobierno preparándose para un crudo invierno. 

Parapetándose en la necesidad de dar gobernabilidad, la Corte de Gustavo Sáenz se ve muy vigorosa. Pero solo es una señal de mala calidad institucional. 

Salta, 26 de noviembre de 2019

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