
Corresponsabilidad

Es lo que reconoce UNICEF, el organismo de Naciones Unidas que mayor conocimiento acopia sobre la niñez y la adolescencia.
Tuvo que suceder una tragedia para que el país atienda lo que se vive detrás de las puertas de cada escuela, un elemento comunitario esencial. No hay asentamiento humano que no tenga una escuela en su seno; más aún, en no pocos casos es la que crea una comunidad porque une a familias dispersas y le da sentido de pertenencia e identidad de grupo.
La escuela es el espejo del barrio, del pueblo, del grupo social que le entrega su prole para que la convierta en un ser social. Dentro de ella hay docentes, directivos y personal de maestranza que conoce con precisión la realidad social, económica e institucional porque es parte del mismo cuerpo ciudadano. Detrás de esa institución hay un gobierno obligado a generar políticas y dar respuestas no solo de carácter educativo, sino también de salud física y mental y de seguridad.
Pocos advirtieron que en el arranque mismo del ciclo lectivo, no sólo hubo una inversión de 12 mil millones para reparar los edificios escolares en los 60 municipios de la Provincia, sino que también puso en marcha un protocolo para enfrentar el bullying y ciberacoso, males de este tiempo. Es una medida de aplicación obligatoria, que establece la corresponsabilidad familiar como uno de sus ejes.
Ese paso fue reforzado con la implementación del Programa Provincial de Prevención de la Violencia en la Escuela, presentado la semana pasada como una política de Estado. Es una estrategia que busca fortalecer la convivencia, acompañar a las escuelas y garantizar entornos protegidos para estudiantes y docentes. Se organizan los recursos a través de equipos como la Unidad Provincial de Apoyo a la Comunidad Educativa, que debe actuar dentro de las primeras 24 horas ante emergencias o crisis escolares y el Observatorio Provincial de la Convivencia y la Participación. Contempla la formación permanente de docentes y directivos en la problemática, además de la articulación territorial y entre distintos estamentos de gobierno.
El programa tiene un eje vertebral en la acción de las familias. Impulsa la creación de espacios de diálogo y encuentro reconociendo la corresponsabilidad con las familias, porque la convivencia pacífica demanda la articulación entre el hogar y la escuela. No es un propósito menor; la cultura escolar fue autocrática.
La participación de la familia está contemplada en la ley provincial de educación, que la toma como el tercera pata de la comunidad educativa y en distintas normativas se contemplan canales para canalizarla. Pero es una relación que especialmente depende del modelo de dirección y de la voluntad social de padres y tutores.
Pero el rol que debe jugar no puede quedar en movimientos espasmódicos ni en intervenciones interesadas o sectoriales. Debe formar parte de cualquier proyecto institucional de cada establecimiento porque es una presencia esencial. Deben fijarse reglas para que tome parte y asuma sus responsabilidades parentales en el espacio donde transcurre el proceso de formación y socialización de los niños y adolescentes.
No debe ser la tragedia, la emergencia la que la movilice. En el Portal de crianza de UNICEF hay guías que se pueden seguir para sistematizar la presencia, la colaboración y la obligación de involucrarse, acompañando el esfuerzo de docentes y directivos. También servirá para el control de la aplicación de todo programa y protocolo que se disponga desde el gobierno.
Tristemente, la violencia en las escuelas es tan frecuente que parece inevitable, dice UNICEF. Ese fenómeno sí es evitable pero exige que la sociedad -especialmente la familia- se haga cargo de sus responsabilidades al respecto.
Salta, 31 de marzo de 2026







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