Opinión Natalia Buira 02/06/2022

El cuento de la criada

El cuento de la criada es una famosa novela de la escritora canadiense Margaret Atwood de 1985, de la cual se hizo una serie televisiva en 2017.

En el cuento de la criada tiene lugar un golpe de estado en los Estados Unidos y así políticos de ultra derecha llegan al poder y crean la República de Gilead, un estado totalitario donde se aniquilan las libertades y los derechos, el grupo más afectado por esta República son las mujeres que serán divididas en castas.

La República de Gilead nace del grupo político fundamentalista la casa de Jacob, tomada del libro del Génesis de la Biblia. Es decir, se establece un estado no solo totalitario sino también teocrático, el que además será patriarcal y establecerá una sociedad de castas.

Sobre lo que fue Estados Unidos se establece esta teocracia similar a las teocracias islámicas pero basada en el Antiguo Testamento sobre todo, si bien en algún pasaje se hace alusión a las cartas Paulinas. Los políticos del régimen vuelven a las escrituras del antiguo testamento y las toman al pie de la letra, y así todos los valores de la modernidad son invertidos, como la igualdad, la justicia, la libertad.

En esta novela distópica del presente, del ahora, no futurista, vamos a una sociedad peor, como consecuencia de la contaminación ambiental se ha producido una merma en la natalidad poblacional y muy pocas mujeres son capaces de tener hijos. Con el correr de la novela nos enteramos que en realidad son los varones los que quedan infértiles pero están cubiertos y les echan la culpa a las mujeres de esta disminución de la natalidad. 

Como en todo orden teocrático, la clave es la sujeción de las mujeres.

La protagonista de esta novela es una mujer que antes tenía un marido y una hija, un nombre, un  empleo y con la República de Gilead pasa a ser la criada con fines reproductivos del comandante Fred y su esposa Serena, la criada pierde hasta su nombre y pasa a llamarse Defred, porque pasa a ser propiedad de dicho comandante. A las criadas se les prohíbe entre muchas cosas leer y solo pueden salir de las casas de a dos y caminar con la mirada gacha. Estas criadas sexuales son las mujeres que si pueden tener hijos y son criadas no para el placer sino para la reproducción; son secuestradas y puestas al servicio de la familia de un comandante y así pierden su libertad.

Pero también pierden su libertad las otras castas de mujeres: las esposas de los comandantes, que pertenecen a la clase aristocrática que solo están en la actividad doméstica, y su lugar es al servicio del varón, sus esposos son los grandes líderes políticos. Allí está Serena la esposa del comandante Fred, que no puede ejercer ninguna actividad política y que su único deseo es ser madre, pero como piensa al principio que ella es infértil, participa de una “ceremonia” religiosa una vez al mes junto a su marido y la criada Defred en lo que es a las claras una violación de esta criada por parte de su marido y ella- Serena- como partícipe que sujeta a la criada en esa macabra ceremonia.

También están las Martas, mujeres que no pueden tener hijos, no son aristocráticas y hacen todas las tareas cotidianas de los hogares aristócratas. Las martas son las encargadas de llevar la casa día a día.

Finalmente las Tías encargadas de vigilar y “educar” a las criadas, son las que hacen que este patriarcado teocrático estamentario funcione, son las mujeres encargadas de domesticar a otras mujeres: las criadas de reproducción. 

Cada casta de mujeres tiene su vestimenta, así las criadas se visten de rojo, las martas de marrón y las mujeres aristócratas de azul.

Vemos en la novela como el cuerpo de la mujer está al servicio de una estructura patriarcal, ya que si la criada tiene un hijo, ese hijo es de la familia a la que sirve no es de ella. Es un ser humano deshumanizado al servicio reproductivo de la familia a la cual está asignada.

Es la República de Gilead no se permiten expresiones fuera de las heterosexuales y hay castigos para quienes desobedecen estas normas como ser los ahorcamientos públicos.

En esta sociedad se va formando la resistencia frente a este poder tan supremático, ya que la opresión genera la resistencia.

A su vez los hombres también están divididos en castas: los comandantes, los ojos, los ángeles y los guardianes, todos encargados de la seguridad del régimen y su supervivencia.

El elemento fuerte de la resistencia es la sororidad de las mujeres aún minada por la división en castas. Finalmente la resistencia triunfará y la República de Gilead caerá.

La novela distópica y la distopía en general dan a entender que lo que parece está tan lejos en realidad puede estar tan cerca. Todas las mujeres de El cuento de la criada durante la República de Gilead no tienen el estatus de ciudadanas, porque no tienen derechos y libertades, en realidad los únicos ciudadanos son los comandantes, es decir los hombres adultos que se muestran como heterosexuales, políticos a cargo del sostenimiento del régimen. Pero si miramos bien nuestra sociedad actual y toda la violencia de género que ocurre a diario en sus diversas modalidades y en los distintos ámbitos donde las mujeres nos desempeñamos también debemos decir con la antropóloga Rita Laura Segato que las mujeres aún no hemos alcanzado el estatus de ciudadanas, aunque el derecho nos enseñe desde la facultad equivocadamente lo contrario.

 

 

 

 

 

 

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