Opinión Armando Caro Figueroa 09/11/2020

Victor Martorel: homenaje y recuerdos

En la segunda mitad de los años de 1960, muchos paisanos con el título de abogado bajo el brazo fuimos retornando a Salta. Nos habíamos recibido mayoritariamente en las universidades nacionales de Tucuman y Córdoba.

Casi todos portábamos una actuación mas o menos destacada en las luchas universitarias y sociales; una parte de este conjunto juvenil reconocía filiación reformista (agrupamiento de las izquierdas), y la otra adscribía a las vertientes democristianas. Seguramente había también conservadores del viejo tronco, pero ellos -cumpliendo con mandatos ancestrales- se sumaron al orden establecido.

El caso es que cuando este puñado de abogados jóvenes que iniciaba su vida profesional llegamos a Salta, fuimos ubicándonos en una sociedad y en un foro predominantemente tradicionalista. El funesto golpe militar contra el presidente Illia fue uniéndonos por encima de banderías políticas (peronistas, radicales, socialistas, comunistas) y nos convocó a las luchas por la democracia republicana y contra Onganía y su régimen de privilegios y veleidades corporativas. 

Fue en estos menesteres que los sesentistas entramos en contacto intelectual y solidario con la generación de Víctor Martorell (recientemente fallecido) y de otros abogados ilustres. Por pura coincidencia, la mayoría de estos colegas provenía de la Universidades del Litoral (Santa Fe, Rosario).

Ellos, que se identificaban también con posiciones democráticas y de progreso, habían participado activamente en el gobierno del presidente Frondizi y del Gobernador Bernardino Biella. Esta opción política les granjeo la antipatía de las poderosas fuerzas reaccionarias que desde muchos años atrás mandaban en Salta.

Junto a Víctor Martorell colaboraron con el gobernador Biella personalidades como la de Farat Sire Salim y Santiago Torrego, por citar sólo a algunos de ellos. 

Varios miembros de esta generación brillaron intelectualmente (Richard Reimundín, Luis Adolfo Saravia o Marcelo O’Connor, por ejemplo). Otros -también de altas dotes intelectuales- asumieron la defensa de trabajadores y sindicatos (Sergio Serrano Espelta) y, en su momento, de presos políticos. 

Sus ideas y estas actividades, desagradables para quienes detentaban el poder real, movieron al mini golpe militar que desplazó al gobernador Biella y trajo una Intervención Federal.

Víctor Martorell fue testigo calificado de estos acontecimientos. Y era, para nosotros sus amigos, un placer escucharlo analizar y rememorar aquel tiempo y aquellas esperanzas inauguradas por el gobierno de Biella y pronto destrozadas.  

Si bien a los miembros de cada una de estas generaciones nos separaban no menos de diez años y experiencias distintas, la dictadura de Onganía alentó solidaridades y vínculos de duradera amistad.

No creo equivocarme si señalo que todos los sesentistas admirábamos la solvencia intelectual y jurídica de nuestro colegas más antiguos. 

Víctor era, particularmente, un abogado brillante, valiente y distinto (entre otras razones, por sus vínculos con el arte, seguramente alentados por su madre, la desatacada pintora María Martorell). 

Hacia 1968, Víctor se hizo cargo de la dirección del diario NORTE, y desde allí ensayó un cierto pluralismo dentro de los estrechos márgenes entonces disponibles, como podrán comprobarlo quienes se animen a visitar hemerotecas.

Antes de terminar esta breve nota de urgencia, permítanme recordar tres hechos que me unieron a Víctor Martorell. El primero, su apoyo a mi difícil decisión de exiliarme en España (1976). El segundo, su desempeño como Director General del Azúcar en los años (1986/87), tiempo en el que ambos colaboramos con el presidente Raúl Alfonsín y su gobierno. El tercero es el haber compartido la fundación del FOCIS (Foro de Observación de la Calidad Institucional de Salta-2018).

Este último hecho muestra la vitalidad y la fuerza de las convicciones republicanas de Víctor Martorell a quién -apenado por su fallecimiento- rindo homenaje.

Muchas gracias y hasta la semana que viene

Salta, 9 de noviembre de 2020.

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