En la Misa de la Exaltación de la Cruz, la Iglesia llamó a enfrentar las heridas que “muerden por dentro”
El miedo, la culpa, el rencor y el cansancio de la vida estuvieron en el centro de uno de los mensajes más fuertes de la Misa de la Exaltación de la Santa Cruz, celebrada este lunes en la Catedral Basílica, en plena Fiesta del Milagro.
La celebración fue presidida por el obispo castrense Santiago Olivera, quien participó por primera vez de esta festividad en Salta y llamó a los fieles a no esconder aquello que duele, sino a “mirarlo de frente”.
“¿Cuántas veces buscamos remedio para lo que nos muerde por dentro? El rencor, el miedo, la culpa, el cansancio de la vida”, planteó durante la homilía.
Olivera vinculó esa reflexión con las historias personales que miles de peregrinos llevan durante estos días hasta los pies del Señor y la Virgen del Milagro.
“Traemos como peregrinos seguramente tantos dolores: una enfermedad, una angustia, una ausencia, y lo depositamos a los pies del Señor y la Virgen del Milagro”, expresó.
El obispo sostuvo que la respuesta frente al sufrimiento no pasa por ocultarlo. “Dios no cura escondiéndonos el mal, sino invitándonos a mirarlo de frente”, señaló al recordar el relato bíblico de la serpiente de bronce y vincularlo con la Cruz.
“Cuando tiembla la tierra y cuando tiembla la vida”
Durante la celebración también recuperó el origen histórico de la devoción salteña y los terremotos de 1692, cuando nació la tradición que cada septiembre vuelve a reunir a miles de fieles.
“La devoción del Milagro y la devoción a la Cruz en Salta son la misma devoción: la certeza de que Dios no abandona a su pueblo cuando tiembla la tierra ni cuando tiembla la vida”, afirmó.
Olivera retomó además el lema de este año, “Señor del Milagro, tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla”, y sostuvo que esa paz no implica la ausencia de problemas.
“La paz de Cristo no es ausencia de dificultades. Es la certeza de que aunque carguemos con la Cruz tenemos la esperanza de la resurrección”, expresó.
El obispo también citó al papa León XIV y su definición de una paz “desarmada y desarmante, humilde y perseverante”, y pidió que esa búsqueda no termine dentro de la Catedral.
“Salgamos a servirla, a repartirla en la propia casa, en el trabajo, en el barrio, con el hermano que tenemos al lado”, concluyó.