Opinión Antonio Marocco 05/06/2026

La calle que Salta debería devolverle a Belgrano

Se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de Manuel Belgrano. Y cada vez que una fecha así vuelve al calendario, aparece también la pregunta: ¿Cómo se honra verdaderamente a un prócer y para qué sirve?

A los próceres no hay que buscarlos solamente en el frío bronce de las estatuas, que muchas veces sirve para homenajear a la persona y, al mismo tiempo, esconder sus ideas, sus luchas y sus causas.

Eso pasó muchas veces con Belgrano. Nos acostumbramos a recordarlo solo como el creador de la Bandera, pero Belgrano fue mucho más que eso: fue abogado, periodista, economista, diplomático, jefe militar y, sobre todo, un conductor político profundamente comprometido con una Nación que recién estaba naciendo.

Cada época tiene sus causas, y en estos tiempos las protagonistas son las mujeres. Esta semana millones volvieron a marchar en la Argentina bajo una consigna que ya forma parte de nuestra conciencia democrática: Ni Una Menos. No es un tema ajeno a esta reflexión. Al contrario. Belgrano fue un hombre que comprendió la necesidad de una sociedad más justa. Por eso, honrarlo también implica escuchar ese reclamo profundo contra la violencia, contra la desigualdad y contra todas las formas de abandono que todavía hieren la vida de tantas mujeres argentinas.

Porque una Patria no puede llamarse plenamente justa si sus mujeres viven con miedo. Y una sociedad no se vuelve más libre negando sus dolores, sino haciéndose cargo de ellos. Ni Una Menos no es apenas una marcha: es un llamado ético, político y humano para que el Estado y la comunidad no miren para otro lado.

Porque hay homenajes que tranquilizan la conciencia, pero no comprometen a nadie. Y hay otros, más incómodos, que nos obligan a revisar la memoria y a reparar algunas injusticias.

Salta tiene con Belgrano una deuda de gratitud. Después de triunfar en la Batalla de Salta, fue él quien bautizó como “Calle de la Victoria” a una de las arterias que rodean la plaza principal, la actual Plaza 9 de Julio. No era un nombre cualquiera.

Sin embargo, a principios del siglo XX, esa calle dejó de llamarse así y pasó a llamarse España. Vaya ironía histórica: la calle que Belgrano había nombrado para recordar la victoria sobre el poder colonial terminó llevando el nombre de la antigua potencia europea.

No se trata de alimentar rencores ni de negar los vínculos culturales, afectivos y humanos que nos unen con España. Ni de impedir que otra calle de la ciudad lleve el nombre de ese gran país. Se trata, simplemente, de poner las cosas en su justo lugar.

Porque los nombres de las calles también educan. También dicen. También construyen sentido. Tal vez, entonces, el mejor homenaje que Salta podría ofrecerle a Belgrano sea devolverle a esa calle el nombre que él mismo le dio.

Volver a llamar “De la Victoria” a la actual calle España sería permitir que cada salteño, cada estudiante, cada turista y cada niño que camine por el centro de la ciudad se pregunte qué victoria fue aquella, quién la hizo posible y por qué todavía importa. Salta debería volver a tener su Calle de la Victoria.

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Un extenso debate en la Cámara de Diputados de la Nación habilitó un repaso de la historia reciente del país, con el que se trató de explicar las dificultades con las que el ciudadano debe llevar adelante su vida cotidiana. También sirvió al intento de dar sentido a medidas que no se visualizan como soluciones inmediatas. 

Prioridades

Volvió a la Legislatura Provincial el análisis del desarrollo fronterizo. Esta vez no fue una enunciación ni rozó cuestiones vinculadas a la seguridad sino al fortalecimiento del comercio, que se sostiene mayoritariamente en la informalidad.

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