Reforma
Todo indica que fue difícil la convivencia política entre La Libertad Avanza, que en las elecciones de 2025 se quedó con la mayoría del cuerpo, y un oficialismo que sólo pudo celebrar que se haya llevado a cabo una reforma impostergable. En 38 años, ningún gobierno municipal manifestó voluntad por introducir los cambios que son producto de nuevos tiempos pero, especialmente, de otro contexto institucional. Se logró en la administración de Emiliano Durand, aún cuando no se notó que haya empujado la redacción del nuevo texto.
Si se repasa la historia de esta reforma, que aún debe atravesar una instancia clave -que es la revisión de la Legislatura Provincial-, puede observarse que a los intendentes no les entusiasmó producir lo que, en definitiva, es un perfeccionamiento de la Carta Orgánica.
La que está vigente fue sancionada en mayo de 1988, cuando se estaba emergiendo del intenso proceso de reconstrucción del tejido institucional de la Argentina, tras la última dictadura militar. Salta, a su vez, había encarado una reforma constitucional que en 1986 produjo cambios significativos, como la elección directa de los Ejecutivos municipales en toda la Provincia. Para fortalecer la autonomía de esos Estados se les reconocieron nuevas facultades y se sumaron derechos y obligaciones a los ciudadanos. Es así que se dispuso sancionar Cartas Orgánicas en los municipios más importantes por su cantidad de población; los restantes continuarán ordenando su vida institucional de acuerdo a una ley general.
Es así que la redacción de la Carta Orgánica de la Capital abrió el juego y le cupo a su intendente, Alberto Javier Alderete, liderar el proceso. Precisamente fue el primer Ejecutivo elegido por el voto popular de manera directa y sumó el honor de sancionar un instrumento, que fue confeccionado por una Convención que estuvo a la altura de la histórica tarea encomendada.
Los 21 convencionales que el viernes, en una sesión alterada por cuarto intermedios que denotaban improlijidad en el mejor de los casos, aprobaron la primera reforma parcial, fueron protagonistas de un debate al que le faltó enjundia y madurez democrática. Se vio a la mayoría imponer el número para resolver las diferencias y a la minoría estrenar esa condición en el reducido marco de la Convención, haciendo gala de su dilatada experiencia en el ejercicio del poder legislativo.
Al vecino capitalino le debe quedar claro que si la reformada Carta Orgánica atraviesa intacta la revisión en la Cámara de Diputados y en la de Senadores, esas reglas de convivencia en la comunidad organizada que es un Municipio, no son mayoritariamente el producto del acuerdo sino la imposición de un número circunstancial de votos. Pero debe reconocerse que ese es el juego de la democracia, que no es un sistema político perfecto pero en el mundo es reconocido como el mejor.
Esta Convención Municipal tuvo sus virtudes: sus miembros y el personal asignado trabajó ad honorem y se cumplieron los plazos establecidos para la tarea que, vale recordar, se inició el 1 de marzo pasado. Resta atravesar la revisión de compatibilidad constitucional, que es tarea de la Legislatura Provincial, tras lo cual corresponderá a los vecinos del Municipio de Salta asumir la responsabilidad de ejercer los derechos habilitados y cumplir las obligaciones asignadas.
Salta, 01 de junio de 2026