Los sueños que escribimos entre todos
Dicen que dicen, dice la canción de Pedro Aznar. Y dicen que a veces la realidad supera a la ficción. Tienen razón: nuestra bendita Argentina lo demuestra a menudo. Pero hay un error conceptual que ya escuché varias veces y con el que no concuerdo para nada: dicen que la historia de Lionel Messi y de la Selección Argentina parece estar escrita por un guionista de Netflix. Pero claro que no, es ingenuo pensar que a nuestra historia la pueda inventar un genio creativo detrás de una computadora, mucho menos un guionista del exterior. La inteligencia artificial directamente no entiende ni de lo que estamos hablando. Lo lindo de la historia argentina es que desde sus inicios a los mejores capítulos se los escribe entre todos.
Detrás de todo esto no hay un publicista brillante abusando de literatura épica para escribir un cuento futbolero que reviente las taquillas. Esto no se le podría ocurrir a un CEO de la FIFA; ni siquiera a los codiciosos zares de las apuestas online. Les faltaría inspiración, porque la inspiración verdaderamente noble también es colectiva, jamás es un hecho aislado.
La inspiración es el sueño de Lautaro Martínez recordando, minutos después de hacer el gol más importante de su vida, que todo comenzó con los primeros botines que le compró su papá. La inspiración es la sensibilidad de Scaloni, Aimar y todo ese cuerpo técnico maravilloso que sabe que compartir un asado y la vida es tan valioso para un grupo como entrenar a doble turno. La inspiración es la de Messi que a sus 39 años volvió a asistir a sus compañeros para darle vuelta el partido a los ingleses y seguir agigantando la leyenda.
La inspiración es la de un equipo que no se siente representante del país, sino que se asume parte. Y desde luego que está la inspiración del país, 47 millones de argentinos pechando para el mismo lado. Improvisando altares. Explotaron las plazas. Acá en Salta la Policía informó que hubo más gente que cuando la Selección ganó la final contra Francia en 2022. Una marea celeste y blanca. Entre canciones y canciones, el Himno, las lágrimas y el abrazo. ¿Acaso fue solo un partido de fútbol?
Sorpresa para aquellos que esperaban solo un duelo futbolero emocionante. Otra vez los muchachos argentinos rompieron el protocolo para que se rompan los corazones de orgullo. Porque cuando parecía que todo había quedado saldado en la cancha, cuando ya nadie iba a pedirle más nada a esos jugadores, cuando era el momento de recibir el justo agradecimiento, se hicieron tiempo y lugar para que la historia sea aún más grande. No sé si alguien la vio venir. Pero el guionista de Netflix no se la podría haber imaginado nunca. Un lienzo fabricado con la sábana de un hotel y una consigna escrita con pintura negra que recorrió todo el mundo. Las Malvinas son Argentinas. Una caricia al alma, un recuerdo a nuestros héroes, un bálsamo a la herida abierta. Hay cosas que no se pueden esconder bajo la alfombra. Las tristezas son más llevaderas cuando son compartidas, y quizás por esa misma razón la alegría se multiplica tanto cuando somos capaces de embarcarnos en el mismo sueño.
Volviendo al plano local, nuestra responsabilidad es la de generar permanentemente mejores condiciones para el bienestar y la tranquilidad de los salteños. Esta semana avanzamos en dos gestiones claves en ese camino. 1. Con la asunción de Walter Toledo como Jefe de Policía, profundizamos una mirada donde la seguridad es entendida como un bien social, un derecho humano básico que no se agota en la incorporación de tecnología o en la suima de efectivos, sino que busca consolidar un entorno de paz y armonía donde cada salteño pueda vivir sin miedos. En sintonía con este esfuerzo por cuidar lo nuestro, inauguramos junto con el gobernador Gustavo Sáenz la renovada Guardia de Emergencias y los primeros quirófanos en 131 años de historia del Hospital Señor del Milagro, una obra financiada íntegramente con 1.600 millones de pesos de fondos provinciales.
Sostener esas políticas de salud y seguridad frente a la ausencia de acompañamiento nacional es nuestra forma de ratificar que el crecimiento y el desarrollo solo tiene sentido cuando es por y para la sociedad.