Un rumbo propio en tiempos de incertidumbre
La civilización no ha renunciado a sí misma y me obligo a creer pese al escepticismo de la época. Tenemos una oportunidad. Una oportunidad que poco vale la pena esperar que llegue de afuera.
Por eso me alegro con las noticias de nuestro pago. El colegio Ernesto Araoz de la zona sur cumple 50 años y me invitaron a sus Bodas de Oro. Mientras las escuelas estén abiertas tenemos una obligación con la esperanza. En el 76, cuando sus aulas empezaron a llenarse, Argentina atravesaba una enorme crisis económica, política y social. Llegaba la dictadura y el mundo, como hoy, también crujía. Y sin embargo ahí estábamos los salteños apostando por la educación. Pienso en esa escuela de la zona sur que contra viento y marea sobrevivió a todas las crisis y nunca se cerró. El valor de la semilla de la educación es que prospera aún en los contextos más hostiles. Esa misma esperanza que cultivamos en nuestras aulas es la que hoy se pone a prueba frente a un contexto global que vuelve a temblar.
Como hace cincuenta años, la amenaza de una escalada bélica global vuelve a marcar el pulso de nuestra vida cotidiana. La volatilidad internacional nos pone en jaque, exacerba la crisis y profundiza la sensación de angustia e incertidumbre; hemos visto cómo líderes de grandes potencias llegan a amenazar con destruir civilizaciones milenarias con la liviandad de quien publica un meme en una red social.
Sin embargo, me empujo a pensar que dentro de poco el tiempo nos dará la razón a quienes bregamos por la paz. La enseñanza de la historia y la responsabilidad política es clara: no podemos improvisar. Necesitamos para Argentina y para nuestra Salta una mirada estratégica que nos permita anticiparnos a la inestabilidad para proteger lo nuestro: nuestra gente, nuestra producción, nuestra seguridad y nuestra paz social.
Ese norte estratégico lo pudimos debatir y poner sobre la mesa en la inauguración de la Expo Prograno junto a Pedro Arias, titular de la institución, Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, y Fernando Alabi, el intendente que ofició de anfitrión. Nuestra posición es clara: No creemos en un Estado ingenuo y ausente que se retire y deje a los sectores productivos librados a su suerte, pero tampoco en uno que asfixie la iniciativa privada; nuestra apuesta es un Estado que planifique, acompañe y genere las condiciones de desarrollo. El Corredor Bioceánico y la integración con Asia no son ideas abstractas, sino respuestas concretas para estimular que nuestro potencial llegue a los mercados más exigentes del planeta.
Como dice el gobernador Sáenz, Salta es hoy una potencia integral donde conviven el agro, la minería, la industria y la economía del conocimiento en una enorme diversidad productiva. El desafío es agregar valor a lo que producimos, transformando nuestras riquezas en oportunidades y trabajo para los salteños. Cuidar lo nuestro es la mejor manera de protegernos y encarar el complejo mundo que nos propone el futuro.