Pascua
En el mundo se escucha por estas horas la voz de los líderes que no tienen intereses en esta confrontación que involucra a una parte del planeta y cuyos efectos se están haciendo sentir ,incluso en comunidades ajena, por sus efectos económicos, que desatan o profundizan las crisis sociales.
En uno de los momentos más importantes de la Semana Santa, el Sumo Pontífice aseguró que hoy es prioritario recordar que “ni en el ámbito pastoral, ni en el ámbito social y político, el bien puede provenir de la prepotencia”. No se respaldó en ninguna referencia bíblica, sino en la observación del desarrollo de acontecimientos que se están desplegando a la vista de los habitantes de cualquier lugar.
En la Misa Crismal que se celebra el Jueves Santo, el Papa profundizó en la misión que Dios confió a su pueblo y que habilita a que desde adentro de la Iglesia se desenmascare “la violencia que hasta hoy se erige en ley”. Reconoció, sin embargo, que la misión ha sido tergiversada por lógicas de dominio, absolutamente ajenas a la enseñanza de la Pasión de Jesucristo, que se revive en estas jornadas.
En ese orden es que reiteró la necesidad de desarmar los espíritus, que había expuesto en su mensaje de Cuaresma, El amor cristiano necesita pocas cosas, ninguna ostentación y nunca se vive “descuidando o rompiendo la comunión”. Precisamente la unión es uno de los ejes del pronunciamiento pascual.
La que se vive en estos días es la primera Semana Santa que preside León XIV como obispo de Roma. Enfáticamente aseguró que el Triduo Pascual compromete a los cristianos “a no huir, sino a pasar en medio de la prueba, como Jesús”. También reclamó una actitud humilde para llegar a los otros con sencillez honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo, “una sacralidad que se vulnera cuando nos comportamos como dueños de los lugares y de la vida ajena".
El contraste de este mensaje fueron las novedades en torno del conflicto del Cercano Oriente, en el que la Argentina tomó partida y va extremando sus decisiones para marcar su posición. Las celebraciones en Roma se desarrollan sin ignorar la preocupación por estos acontecimientos y sus consecuencias humanas y religiosas.
Por estas horas, el hombre común está llamado a mirar ese aspecto y no sólo el precio del petróleo y el comportamiento de los mercados. Puede ser un camino para alcanzar el desarme de los espíritus que pide la Iglesia Católica.
Salta, 03 de abril de 2026