Dislexia y déficit de atención: señales de alerta y qué garantiza la Ley 27.306
En declaraciones a Vale Todo por Aries, la licenciada en Psicopedagogía María Paulina Arias detalló cómo se manifiesta la dislexia y de qué manera se relaciona con el trastorno de déficit de atención (TDA) y el TDAH. La profesional explicó que entre el 30% y el 40% de los casos presentan ambos diagnósticos combinados.
Arias señaló que los primeros signos suelen aparecer a los 6 años, cuando los niños aprenden a leer y escribir. Sin embargo, también pueden detectarse señales antes del ingreso a primer grado: dificultades para seguir consignas simples, problemas para mantenerse sentados o conductas de “estar en su propio mundo”.
“El error común es pensar que el niño es vago o que no quiere aprender. No es así: aprende de otra forma”, remarcó. En casos de dislexia, puede haber confusiones de letras, palabras invertidas o falta de comprensión lectora. En el TDA y TDAH, se agregan problemas de atención, organización y control de impulsos; en el caso del TDAH, también hiperactividad marcada.
La especialista subrayó la importancia de consultas tempranas con neurólogos y psicopedagogos para evitar años de frustración escolar. También destacó la necesidad del trabajo conjunto entre profesionales, familia y escuela, así como la existencia de equipos de orientación escolar que hoy brindan apoyo a docentes y estudiantes.
Arias recordó que en Argentina está vigente la Ley 27.306, conocida como “ley de dislexia”, que declara de interés nacional las dificultades específicas del aprendizaje (DEA). La norma garantiza:
· Educación inclusiva en todos los niveles.
· Adaptaciones curriculares razonables, como más tiempo en las evaluaciones.
· Capacitación docente.
· Promoción del diagnóstico y la detección temprana.
· Difusión y concientización sobre la temática.
Según asociaciones especializadas, la dislexia afecta entre el 10% y el 12% de la población argentina, pero sólo el 4% llega a un diagnóstico formal, lo que evidencia una gran cantidad de casos no detectados.
Arias concluyó que, aunque el acceso a tratamientos sigue siendo un desafío por las coberturas de obras sociales, se trata de una inversión fundamental: “Estas detecciones tempranas evitan problemas de autoestima, frustración y hasta cuadros depresivos en la adolescencia o adultez”.