Opinión21/03/2024

Estar a tiempo entre la historia y el futuro

Feliz comienzo del otoño. Hoy tocó un día gris, fresco y con lluvia. Creo que lo estábamos esperando todos.

Sin embargo, lamentablemente, es muy probable que vuelvan, al menos durante un tiempo más, los días de calor como los que nos tocaron en las últimas semanas.

En la teoría, o en la costumbre del calendario, hoy dejamos atrás el verano. Pero la realidad nos muestra que esos tiempos se modificaron y que el cambio climático parece haber llegado para quedarse.

Aunque algunos se empecinen neciamente en negarlo, los seres humanos somos testigo de un cambio en las temperaturas máximas y mínimas, en los tiempos de lluvia, en la violencia de las tormentas y temporales, en la amplitud y la prolongación de las sequías.

¿Esto es fruto de la intervención del hombre o es un ciclo natural como otros que han sucedido a lo largo de la historia? Allí se abre otra discusión, que es una suerte de evolución del negacionismo. Es la superstición del daño sin consecuencias sobre la naturaleza rivalizando con las advertencias y la evidencia de la ciencia.

Estamos a tiempo, lo cual es valioso, pero no tenemos demasiado, lo cual es preocupante.

Vivimos tiempos raros. De repente, se hicieron del poder los que niegan el cambio climático y hasta niegan la cultura.

Pero, como se preguntaba Fito Páez en tiempos de desánimo ¿quién dijo que todo está perdido? Nada está perdido mientras haya gente que siga ofreciendo el corazón.

Gente como lo que se convocó ayer en la peña de Alejandro Palacios, donde se reunieron muchos de los mejores artistas de nuestra provincia con un objetivo solidario. Se vendieron todas las entradas, se armó una gran guitarreada y se recaudaron fondos para colaborar con la familia de Daniel Campos, uno de los exponentes más queridos del folklore local que atravesaba un delicado estado de salud.

Lamentablemente, hoy su cuerpo no resistió y partió a mejor vida. Aprovecho estas líneas para dedicarle un abrazo y mi más sentido pésame a su familia. La cultura está ahí, en lo que produce el arte pero también en el afecto, en la empatía y en la solidaridad.

Algo también valioso se vivió en el Teatro de la Usina Cultural el sábado pasado, cuando se puso sobre tablas la vida de Encarnación Ezcurra. Una obra unipersonal, escrita por Cristina Escofet y bajo la dirección de Jorge de Lassaletta.

Ezcurra no solo fue la esposa de Juan Manuel Rosas, fue más su compañera de lucha en la época que se enfrentaban unitarios y federales, el puerto chico y la patria grande. La obra pinta de cuerpo entero el derrocamiento de Rosas y la traición de Urquiza.

Se trató de una puesta tremenda, intensa, atrapante y sumamente valiosa: por la experiencia artística y también por la evocación histórica de un conflicto que todavía hoy nos impacta en la vida cotidiana.

Si alguien quiere entender de verdad por qué pagamos boletas de electricidad en Salta mucho más caras que en Buenos Aires, es imprescindible que tenga en cuenta no solo el presente, sino también la historia.

La historia de hace un siglo y medio y, por ejemplo, la historia de hace 30 años también: Cuando los héroes de quienes hoy gobiernan privatizaron las industrias nacionales de energía, hidrocarburos e infraestructura, hoy casi todas subsidiadas por el Estado nacional y/o provincial.

Hoy estamos sufriendo las consecuencias de la apatía histórica. Los empresarios salteños están tomando realmente dimensión de la poca importancia que les dan al interior profundo quienes administran la Casa Rosada.

Y creo que por eso es una necesidad cerrar filas, atender al llamado del gobernador Gustavo Sáenz a todos los sectores de la sociedad sin distinción partidaria ni ideológica. Es un momento bisagra. El martes 26 puede ser un punto de inflexión. 10 gobernadores se reunirán en Salta marcando una agenda que, a nuestro decir, es: El federalismo es irrenunciable.

Si no somos capaces de defender la producción, el empleo y el desarrollo salteño sufriremos desenlaces similares a los que produjeron el abandono nacional del norte argentino durante los años 90. Si costó empezar a recuperarnos antes, ahora costará mucho más.

Este es el desafío del ahora. Los salteños estamos convocados a sortearlo.

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