
Cada vez que juega la Selección argentina en un Mundial, millones de personas repiten acciones que racionalmente no modifican el resultado, pero emocionalmente parecen imprescindibles. Usar la misma camiseta, sentarse en el mismo lugar, reunirse con las mismas personas o guardar un papelito en el freezer forman parte de un lenguaje compartido que vuelve a activarse con fuerza en cada competencia futbolera, y el Mundial 2026 no es la excepción.













