
Los equipos se construyen, los sentimientos nos unen

Hoy quiero hablar de fútbol, pero en realidad quiero hablar de la Argentina.
Porque cada vez que juega nuestra Selección sucede algo extraordinario: durante noventa minutos desaparecen las diferencias y todos empujamos para el mismo lado.
No importa de dónde venimos, qué pensamos o a quién votamos.
Solo importa una bandera.
Solo importa una camiseta.
Y eso es identidad.
Eso es pertenencia.
Eso es ser argentinos.
Hay imágenes que nunca se olvidan.
Un padre abrazando a su hijo después de un gol.
Una familia reunida frente al televisor.
Una bandera celeste y blanca flameando en una ventana.
Muchos vivimos esa emoción con Diego Maradona.
Lo vimos levantar la Copa y sentimos que un país entero volvía a creer en sí mismo.
Diego nos enseñó que un argentino, con talento, coraje y pasión, podía enfrentar a cualquiera sin bajar los brazos.
Hoy esa emoción vuelve con Messi y con esta generación extraordinaria.
Y aquellos hijos que alguna vez festejaron abrazados a sus padres, hoy abrazan a sus propios hijos para transmitirles el orgullo de cantar el himno, de defender una camiseta y de amar estos colores.
Pero esta historia no la escribió un solo jugador.
La escribieron el Dibu, Di María, De Paul, Julián Álvarez, Mac Allister, Cuti Romero y cada uno de los que entendió que el equipo siempre está por encima de las individualidades.
Y también hay que reconocer a quienes tomaron decisiones importantes.
Claudio “Chiqui” Tapia tuvo la convicción de apostar por Lionel Scaloni cuando muchos dudaban.
Y Scaloni respondió construyendo mucho más que una Selección.
Construyó un grupo humano.
Un equipo donde todos se sienten importantes, donde nadie busca sobresalir por encima del otro y donde la humildad vale tanto como el talento.
Pero hay otro protagonista que nunca aparece en la foto.
Somos nosotros.
Millones de argentinos alentando desde una casa, un club, un bar, un trabajo o cualquier rincón del mundo.
Hay una energía que no se puede medir.
Es la fuerza de un pueblo que nunca deja de creer.
Es la pasión de una hinchada que acompaña siempre.
Es el orgullo de decir, con el corazón lleno: somos argentinos.
Y entonces surge una pregunta.
Si somos capaces de unirnos por una camiseta…
¿Por qué no podemos hacerlo para construir un país mejor?
La unidad no significa pensar todos igual.
Significa respetarnos, trabajar juntos y entender que nadie se salva solo.
Maradona nos enseñó a creer.
Messi nos enseñó a perseverar.
Scaloni nos enseñó que los equipos se construyen.
Y el pueblo argentino nos sigue demostrando que, cuando deja de lado las diferencias y tira para el mismo lado, es capaz de lograr cosas extraordinarias.
Porque los equipos se construyen.
Pero los sentimientos nos unen.
Y mientras exista un padre abrazando a su hijo después de un gol, una familia emocionándose con el himno y millones de argentinos alentando con una misma pasión, siempre habrá esperanza.
Porque la mayor fortaleza de nuestro país no está solamente en sus jugadores.
Está en su gente.
En su solidaridad.
En su capacidad de levantarse una y otra vez.
Y, sobre todo, en ese inmenso orgullo de ser argentinos.
Muchas gracias.








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