
¿A qué país estamos yendo?

Hoy queremos tomarnos unos minutos para reflexionar sobre la realidad que estamos viviendo los argentinos, entendiendo además que nada de lo que pasa en nuestro país está aislado del contexto mundial que estamos atravesando.
El mundo vive un tiempo de fuertes disputas económicas, energéticas y geopolíticas. Las grandes potencias compiten por recursos estratégicos: el agua, la energía, los minerales críticos y los alimentos. En ese escenario global, países como la Argentina pasan a ocupar un lugar central.
Y justamente ahí aparece la gran contradicción.
Porque mientras el mundo mira a la Argentina por lo que tiene, muchos argentinos sienten que cada vez viven peor.
Hoy en nuestro país hay jubilados que, después de trabajar toda una vida, tienen que elegir si comen o si compran los remedios. Una realidad que no debería existir en una Nación con semejante riqueza.
También vemos trabajadores que se esfuerzan todos los días y que, aun teniendo empleo, no pueden alquilar ni acceder a una vivienda propia. Y cuando no hay acceso a la vivienda, tampoco se pueden formar familias, que son la contención primaria de toda sociedad.
Sin estabilidad, empezamos a empujar a nuestra comunidad hacia una lógica peligrosa: la del sálvese quien pueda, donde cada uno queda solo frente a la incertidumbre.
Mientras tanto avanza una reforma laboral que genera preocupación, porque muchos sienten que nuevamente el esfuerzo recae sobre los trabajadores.
Nuestros jóvenes miran el futuro con dudas, mientras la educación pública —que históricamente permitió el ascenso social en la Argentina— atraviesa dificultades que ponen en riesgo oportunidades reales.
A esto se suman decisiones legislativas que van marcando un rumbo: políticas que afectan a las personas con discapacidad, debates sobre derechos sociales y la discusión alrededor de la Ley de Glaciares, que en definitiva habla del cuidado del agua, uno de los recursos más valiosos del siglo XXI.
Porque cuando se ajusta a jubilados, se debilita la educación, se discuten derechos laborales y se ponen en riesgo recursos naturales estratégicos, ya no hablamos de hechos aislados. Estamos frente a definiciones profundas sobre el modelo de país.
Y todo esto ocurre en una Argentina que posee recursos que hoy el mundo necesita: agua dulce, litio, oro, cobre, gas, petróleo, energía, alimentos y capacidad productiva.
La Argentina nunca fue un país condenado a depender.
Fue, durante décadas, un ejemplo de movilidad social ascendente, donde el trabajo y la educación permitían que cada generación viviera mejor que la anterior y consolidara una fuerte clase media.
Hoy esa identidad está en discusión.
Porque teniendo recursos estratégicos, resulta difícil entender por qué el camino vuelve a ser el endeudamiento permanente y la dependencia de potencias extranjeras, cuando podríamos pensar un desarrollo propio, con soberanía y valor agregado argentino.
Y acá está la conclusión:
En un mundo que disputa recursos, la Argentina debe decidir si va a ser protagonista de su propio destino o solamente proveedora de riqueza mientras su pueblo pierde derechos y oportunidades.
Un país se construye cuidando a sus jubilados, fortaleciendo el trabajo, defendiendo la educación, protegiendo sus recursos y permitiendo que las familias puedan proyectar futuro.
La Argentina no nació para el sálvese quien pueda.
Nació para crecer con justicia social, con movilidad ascendente y con un proyecto nacional que incluya a todos.
Esa es, en definitiva, la verdadera discusión que tenemos por delante.








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