
Persistencias

La fecha recuerda la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción y la obligación de los Estados de construir instituciones capaces de prevenir, investigar y sancionar abusos. En Argentina, la efeméride adquiere siempre un sentido particular: la corrupción aparece como un problema estructural que persiste más allá de los discursos y de los cambios de signo político.
En los años del kirchnerismo, las causas de mayor impacto público fueron las vinculadas a la obra pública —como el caso Vialidad—, la ruta del dinero K, las investigaciones por lavado de activos alrededor de Lázaro Báez y los expedientes Hotesur–Los Sauces sobre contrataciones y alquileres cruzados. Procesos largos, con avances y retrocesos judiciales, que expusieron las tensiones entre la gestión pública y los intereses privados.
La administración de Mauricio Macri también quedó asociada a expedientes de fuerte repercusión: el acuerdo por la deuda del Correo Argentino, la fallida condonación, el caso de los peajes y las denuncias por posibles conflictos de interés entre decisiones oficiales y empresas del grupo familiar. Fueron investigaciones que reavivaron debates sobre límites éticos y transparencia en la relación entre el Estado y actores privados de peso económico.
Durante el gobierno de Alberto Fernández, el episodio del cumpleaños en Olivos durante la cuarentena estricta derivó en un proceso judicial que cuestionó la responsabilidad institucional del Presidente al infringir un decreto propio. A ello se sumó el escándalo de los seguros en organismos públicos, un esquema investigado por presunto direccionamiento, intermediación irregular y tráfico de influencias que puso bajo la lupa el manejo de fondos estatales en un contexto de crisis económica y sanitaria.
Incluso la actual gestión de Javier Milei enfrenta controversias que han encendido el debate público. Las denuncias por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), a partir de audios que motivaron allanamientos y una causa judicial en curso, exhiben la fragilidad de los controles internos. Del mismo modo, el caso de la criptomoneda Libra —promocionada públicamente por el Presidente, objeto de una súbita escalada y posterior desplome— abrió investigaciones por presunta estafa, tráfico de influencias y maniobras financieras que afectaron a miles de inversores. Son episodios recientes, aún en etapa preliminar, pero que muestran que la demanda de integridad institucional no se suspende frente a gobiernos nuevos.
Salta también conserva sus propios antecedentes. La causa La Ciénaga, por la transferencia irregular de tierras destinadas a viviendas sociales que terminaron en manos privadas vinculadas al entorno del entonces gobernador Juan Carlos Romero, sigue siendo una de las investigaciones más emblemáticas de la provincia. A ello se suma la polémica por el hangar del aeropuerto, otorgado a través de un contrato firmado al final de su gestión y cuestionado por su carácter discrecional. Son casos que recuerdan que la exigencia de transparencia es tan local como nacional y que las decisiones públicas pueden permanecer bajo sospecha por años.
La conmemoración del 9 de diciembre invita a una reflexión simple y contundente: la corrupción no se combate con declaraciones esporádicas sino con instituciones fuertes, controles eficientes y una ciudadanía que rechace la resignación. Las causas emblemáticas, más allá de sus resultados judiciales, funcionan como advertencia de una tarea que el país parece aprender y olvidar al mismo tiempo. El desafío, una vez más, es transformar este día de recordación en un compromiso sostenido.
Salta, 09 de diciembre de 2025







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