Opinión Natalia Nieto 18/08/2021

Efervescencia o apatía

Hay cierta efervescencia que en los últimos tiempos se ha convertido en inercia en la sociedad salteña, pero también hay apatía y falta de compromiso. Y parece que a esta altura de las cosas, no aprendimos nada. Claro, ciudadanas y ciudadanos tenemos obligaciones y deberes, pero nunca tantos como quienes detentan el poder y fueron votados para decidir sobre los destinos de la cosa pública.

La pregunta es cómo bajar la efervescencia de una sociedad lastimada y hastiada o revertir la falta de compromiso de la que está “en otra” y desinteresada. Entonces, más allá del balance que hayan hecho los espacios políticos ganadores y perdedores, podemos imprimir una cuota de esperanza y suponer que las y los electos, dejarán de prometer qué harán a partir de diciembre y en cambio, empezarán a trabajar en pos del mentado bien común, desde ya. Pongamos esperanzas en esta columna y estimemos que el que se define como el gran ganador, es decir, el oficialismo, empezará a calmar las aguas agitadas, cuyo cauce todavía no se encuentra. 

Si Sáenz dominará la legislatura y ya avanza en el armado del “provincialismo”, después de jactarse de falta de grieta en Salta, ese “éxito” no puede dejar de capitalizarse.  

Es decir, -como analizaron los colegas de Ámbito-, con la sumatoria de sus dos listas oficialistas, el gobernador salteño Gustavo Sáenz logró el triple objetivo que buscó al desdoblar las comicios de los nacionales: avanzar con la construcción de un provincialismo que le dé formato institucional a su heterogéneo frente de gobierno, dominar la legislatura también en la segunda parte de su mandato y quedarse con la mayoría de los congresales constituyentes para moldear la inminente reforma de la Constitución de Salta. Y con el dominio de Gana Salta y Unidos por Salta Sáenz valida su estrategia de llegar a la contienda con una doble oferta electoral para “contener” a sectores disímiles. La primera, fue la alianza en sociedad con el PJ y buena parte de la atomización justicialista que estalló tras la gestión de Juan Manuel Urtubey. La segunda, con sectores de centroderecha y romerismo, con la intendenta capitalina Bettina Romero como referente. Esa lista se quedó con la victoria en el departamento capital, que es el más importante de la provincia, donde se elegía un solo senador, banca que, como se sabe, quedó para Emiliano Durand.

Entonces, el amplio frente de gobierno -con el que Sáenz llegó a las elecciones 2019- se posiciona en un camino que ya tomaron en otros pagos el Frente Cívico santiagueño, el Frente Renovador misionero o Juntos Somos Río Negro, que abonaron la huella del MPN neuquino. Es decir, un frente transversal que pretende eludir las polarizaciones nacionales y en el que se integren dirigentes llegados de distintas corrientes, ya sea PJ, UCR o PRO. Es el camino que debería robustecer hacia 2023. Pero mientras tanto, debe corregir mucho. Más allá de “la ingeniería electoral que lo favorece”.

Si el oficialismo se quedó con 9 de 12 senadores, 20 de 30 diputados, y 38 de 60 convencionales constituyentes y el nuevo intendente de Aguaray, será Guillermo Aleman, -de una agrupación aliada de Sáenz-, el mandatario tiene la mesa servida para tener, supuestamente, una provincia que brille.  

Porque el mapa, provincializado y difuso, dificulta nacionalizar los resultados de esta elección. Y para las PASO, el oficialismo salteño confluirá en el Frente de Todos, en una búsqueda de señales de la Casa Rosada ante el eclecticismo del gobernador. Se encolumnará detrás de la candidatura de Emiliano Estrada, exrival en 2019 (cuando fue candidato a vice en fórmula con Leavy) y actualmente en Interior con Wado de Pedro. Pero Sáenz también tendrá dirigentes cercanos en la vereda de enfrente, con candidatos afines del PRO y radicales.

Entonces, con todo un escenario favorable en lo político, ¿por qué gran parte de la sociedad, incluidas algunas de sus funcionarias y funcionarios, viven en efervescencia y otra gran parte, sigue hastiada y sin ganas de comprometerse ni con su entorno más cercano? 

Lo que logró el oficialismo con su estrategia de dividir, fue consolidar su poder. La gran pregunta es cómo se usa ese poder y cómo se gestiona. Porque cuando renuncian funcionarios; falta el diálogo y hay funcionarias que insultan y discriminan a docentes, que a su vez, no consiguen que se les escuche y extienden su protesta; se cuestiona a otros por festejar los logros políticos y no lamentar las muertes y además, hay protestas por la precariedad del escaso empleo disponible, el poder no se está usando para brillar. En todo caso, se está sumando para acumular y jactarse del éxito político, que no será tal, si ese logro no se traduce en mejores condiciones para la ciudadanía, aun la que está a favor del oficialismo. 

La responsabilidad no es solamente del mandatario, elegido para definir las mejores políticas públicas para Salta. Es de todo el oficialismo, que se sigue quedando al margen de situaciones que se van naturalizando y que en Salta, deberíamos haber superado hace años. Y sí, tiene mayor responsabilidad el oficialismo, porque a pesar del gran ausentismo en las urnas y el enorme caudal de voto en blanco, quienes fueron a votar eligieron menos control desde la Legislatura y mayor poder para quienes proponen la reforma de la Carta Magna. 

Si el saencismo y quienes acompañan ese “provincialismo”, entienden la enorme herramienta que tienen en sus manos, en algún momento Salta brillará como debe. Espero que sea pronto y que dejemos de ser noticia por todo lo que todavía no aprendimos.   

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