Francia blinda sus ciudades con 70.000 efectivos ante una nueva jornada de protestas
El asfalto de las principales ciudades francesas se prepara para vivir un fin de semana bajo máxima tensión. Con la memoria aún fresca de los graves incidentes registrados el pasado sábado 17 de octubre, la segunda economía de la Unión Europea ha decidido blindar sus calles con un despliegue masivo de 70.000 policías y gendarmes.
La orden del Ejecutivo no deja margen para la improvisación: a la presencia de unidades de elite y la misión militar Sentinelle se sumarán una veintena de vehículos blindados de la gendarmería y quince camiones hidrantes, en un movimiento que incrementa en un quinto la dotación habitual de seguridad ante la escalada de convocatorias anónimas que circulan en las redes sociales para promover pillajes y destrozos.
El cóctel social que alimenta la protesta combina la reactivación del histórico movimiento de los chalecos amarillos con los reclamos estudiantiles de los alumnos de secundaria, quienes desde septiembre exigen mejoras sustanciales en sus condiciones de estudio. Sin embargo, el verdadero temor del Ministerio del Interior radica en la intromisión de grupúsculos de la ultraizquierda radical, antifascistas y anarco-autónomos, a los que se han sumado bandas de delincuentes juveniles procedentes de los suburbios dispuestas a convertir la protesta legítima en una oportunidad para el saqueo sistemático.
Frente a esta amenaza, el gobierno ha trazado una línea roja inquebrantable, advirtiendo que solo se tolerarán las movilizaciones de actores institucionales autorizados, como las centrales sindicales, mientras que cualquier manifestación clandestina será reprimida con todo el peso del aparato estatal.
El impacto del inminente estallido ya ha alterado por completo la vida cotidiana de París y otras metrópolis, transformando los centros urbanos en escenarios de virtual resguardo bélico. Los comerciantes, espantados ante la perspectiva de ver sus vidrieras destrozadas, han optado por levantar barricadas de madera, cerrar persianas o incluso organizarse para defender por propia mano sus establecimientos ante la inacción que muchos temen por parte de las autoridades.
La parálisis cultural y deportiva es total: los emblemáticos museos del Louvre, Orsay y Picasso mantendrán sus puertas cerradas de forma excepcional durante toda la jornada, mientras que el esperado encuentro futbolístico entre el Paris Saint-Germain y el Olympique de Lyon debió ser postergado para evitar aglomeraciones de riesgo.
A seis meses de que los franceses acudan a las urnas para elegir al sucesor de Macron, esta prueba de fuego en las calles trasciende el mero orden público para convertirse en un pulso político de supervivencia.
(Con información de Perfil)