Trump quiso rebautizar el océano Atlántico en Google Maps
La ambición cartográfica del presidente de Estados Unidos encontró finalmente un límite corporativo en el lugar menos pensado. Durante un mitin político celebrado ante sus simpatizantes en la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, el mandatario confesó públicamente que intentó convencer a la cúpula de Google de modificar la denominación oficial del océano Atlántico en su popular aplicación de mapas, una iniciativa con la que buscaba perpetuar su impronta geopolítica, pero que terminó chocando contra una negativa rotunda.
Lejos de disimular los detalles del intercambio, el líder republicano relató los términos de la comunicación telefónica que mantuvo con Sundar Pichai, el director ejecutivo de la compañía y de Alphabet. Con el precedente de haber conseguido que plataformas tecnológicas alteraran nombres en los registros digitales para usuarios estadounidenses —como ocurrió con la denominación del golfo de México y del lago Ontario—, Trump apostó por una de las masas de agua más extensas del planeta. Sin embargo, al tantear al directivo sobre la viabilidad de estampar una nueva etiqueta en el mapa atlántico, la respuesta inicial del ejecutivo fue un categórico rechazo.
De acuerdo con el testimonio presidencial, el máximo responsable del buscador trazó una línea roja al señalar que los océanos poseen una naturaleza radicalmente distinta a la de los accidentes geográficos interiores debido a su condición transcontinental. Ante el argumento corporativo de que semejante alteración afectaba directamente a decenas de naciones soberanas en Europa, África y América, el directivo le solicitó explícitamente que no insistiera con semejante demanda, admitiendo de paso que la empresa aún digería las turbulencias generadas por sus concesiones anteriores.
Consciente de la magnitud del escollo técnico y diplomático, el propio mandatario admitió ante la multitud que probablemente desistiría de su idea original para el Atlántico. No obstante, fiel a su estilo disruptivo, el episodio no hizo más que desplazar el foco de sus ocurrencias geográficas, dejando inmediatamente abierta la puerta a una nueva provocación al sugerir de manera irónica que el océano Pacífico bien podría ser rebautizado en el futuro bajo la etiqueta de aguas norteamericanas.
(Con información de clarín)