Las tres sombras que ponen a prueba la arquitectura económica de Milei
La luna de miel entre los inversores y la administración libertaria transita su momento de mayor fricción, reflejada con precisión quirúrgica en el índice elaborado por JP Morgan, que trepó un 18% en el mes hasta rozar los 600 puntos básicos.
Esta sacudida responde a una convergencia de frentes abiertos donde el tablero internacional pica en contra, empujado por la persistencia de la inflación estadounidense y el consecuente endurecimiento de la Reserva Federal, cuyas tasas en ascenso encarecen el dinero en todo el planeta y dificultan la refinanciación de los vencimientos que se avecinan.
Con los mercados internacionales virtualmente clausurados para una Argentina que desaprovechó las ventanas previas de menor tensión, la escasez de crédito se traslada de inmediato a la frágil dinámica de reservas y a la capacidad del Tesoro para honrar sus compromisos venideros sin erosionar el colchón del Banco Central.
A este cerco financiero externo se le suma un frente interno igualmente delicado, marcado por una recesión que muerde con fuerza en sectores clave como la industria y el comercio, evidenciando que el dinamismo del agro, la minería y los hidrocarburos resulta insuficiente para derramar empleo y alivio en el tejido social.
El deterioro en los índices de desocupación y pobreza no hace más que erosionar la base de sustentación política del oficialismo, un desgaste que ya se traduce con claridad en la caída sostenida de los índices de confianza gubernamental y en la angustiante encrucijada de sostener el equilibrio fiscal y la ancla antiinflacionaria sin contar con el margen de maniobra que el tiempo, por ahora, retacea.
(Con información de La Nación)