El efecto inmediato
La tecnología digital pone en nuestros dedos la capacidad de accionar comandos y obtener inmediatamente un resultado. Se trata de un avance formidable en la búsqueda de información, de generación de textos, de producción de figuras y sonidos, también de la realización de trámites, de compras y en la misma comunicación humana.
Pero, en la medida en que nos habituamos a la disponibilidad de este recurso de efectividad inmediata, nos habituamos a que la prolongación de nuestra voluntad a través de los dedos sea así de inmediata.
Nos habituamos a que nuestra voluntad tenga efectos inmediatos fuera de nosotros.
He aquí la cuestión.
En realidad, el efecto inmediato es en el aparato y en lo que esté conectado con él, que no es poco. Pero el mundo es mucho más amplio y complejo.
El mundo fuera del sistema informático tiene sus propias leyes, de ellas derivan su disponibilidad o resistencia a nuestras intervenciones. El sistema artificial está en el mundo; forma parte de él, pero no es el todo.
Además, es necesario advertir que en el mundo también están los otros. Existen las otras voluntades, los sentimientos, los pensamientos, los proyectos de vida de otras personas.
Podemos comunicarnos con los otros dentro del sistema si y cuando están conectados, pero no disponemos de los otros y de sus tiempos.
Es un error pensar que todo, absolutamente todo, está inmediatamente disponible a nuestra voluntad a través de la digitalización.
Es necesario tomar conciencia de la objetividad del mundo y de los otros.
Así podemos evitar un sentido de omnipotencia, que, cuando no alcanza inmediatamente su satisfacción, lleva a frustraciones.
Ser más realistas nos evitará ansiedades, impaciencias y enojos.
Ser más realistas nos ayuda a vivir más armónicamente, es decir, a vivir mejor.