La educación no puede quedarse quieta
En algunos parajes y barrios va a haber menos alumnos. En otros seguiremos necesitando la misma cantidad de escuelas y docentes, aunque si, probablemente en todos los casos necesitaremos una oferta distinta, porque aparecen demandas nuevas. Crece el desarrollo productivo, cambia el trabajo y la tecnología exige otras capacidades. El sistema no puede mirar ese mapa con la foto de hace veinte años.
Por eso hay que revisar una idea muy arraigada: que una vez creada una escuela, una sección o un cargo, esa estructura debe quedarse para siempre en el mismo lugar y de la misma manera.
No puede ser así.
La educación tiene que estar donde están los alumnos y sus necesidades y las de la provincia. Si cambia la cantidad de chicos, el lugar donde viven o lo que necesitan aprender, también hay que poder mover recursos, reasignar cargos y transformar la oferta. Sostener una estructura que la realidad dejó atrás no es defender la educación. Es inmovilizar recursos que hacen falta en otro lado.
Durante décadas armamos el sistema pensando en una provincia que crecía. La respuesta era abrir escuelas, crear secciones y sumar cargos. Ahora el desafío es otro, vamos a tener menos alumnos, lo cual no significa que vamos a necesitar menos recursos. Significa que tenemos la oportunidad y la obligación de usar esos mismos recursos, redistribuyéndolos de modo tal que podamos fortalecer aprendizajes, acompañar trayectorias más complejas, ampliar la formación técnica y crear nuevas ofertas vinculadas con lo que Salta está produciendo y con las habilidades que los nuevos trabajos van a demandar los próximos años.
Asi, adaptar el sistema no es ajustarlo. La natalidad va a seguir modificando el mapa. La tecnología va a cambiar lo que necesitamos enseñar. Algunas escuelas van a crecer y otras van a perder matrícula. Frente a eso, conservar intacta una estructura solo porque siempre estuvo ahí no es una política. Es una inercia.
Y gobernar el sistema educativo implica no sólo tener la capacidad de anticiparse a cambios, sino también tener la flexibilidad suficiente que permita adaptarse a ellos, sin perder a nadie en el camino.
Así el cambio demográfico, que llegó para quedarse, nos plantea la oportunidad histórica de cambiar la educación en nuestra provincia, no solo reasignado docentes, sino generando nuevos roles, fortaleciendo determinados aprendizajes, focalizando en los chicos que más apoyo necesitan. Es una oportunidad para una educación más personalizada y humana.
En definitiva, las escuelas pueden cambiar, al igual que la matrícula y las necesidades de la provincia y el sistema educativo7 tiene que cambiar con ellas, porque una escuela puede quedarse sin alumnos, pero los alumnos no pueden quedarse sin educación.
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