Novena del Milagro: Cargnello llamó a decir “te equivocaste” sin humillar ni destruir al otro
El arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, cerró este domingo la primera jornada de la Novena del Milagro 2026 con un mensaje centrado en la paz, pero también en la forma de enfrentar los errores y diferencias dentro de la comunidad: hablar con verdad, corregir desde el afecto y evitar que la crítica termine en humillación.
Durante la misa de las 22 en la Catedral Basílica, Cargnello recordó que las celebraciones de este año están atravesadas por el lema “Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla”, en sintonía con los llamados a la paz del papa León XIV.
A partir del Evangelio sobre la corrección fraterna, advirtió que señalar una equivocación solo tiene sentido cuando existe una preocupación verdadera por el otro. “La corrección fraterna, si no nace del amor, no es corrección fraterna”, sostuvo.
El arzobispo marcó una diferencia entre corregir y acumular enojo hasta atacar al otro. Advirtió sobre quien “va juntando herrumbre” y después “le dice de todo”, especialmente cuando lo hace frente a otras personas. “Lo humilla realmente. Esa no es corrección fraterna”, expresó.
También cuestionó la actitud de quienes se colocan por encima de los demás para condenarlos. “No nos creamos perfectos cristianos cuando tiramos el dedo para juzgar”, afirmó, y planteó que la respuesta cristiana debe estar orientada a recuperar al otro y no a profundizar su caída.
En ese punto vinculó directamente el mensaje con la construcción de la paz. Cargnello sostuvo que “solo un alma pacificada, un corazón pacificado” puede tener la libertad de acercarse a alguien y decirle, con respeto y verdad: “Te equivocaste en esto”.
El arzobispo incluso relató una situación reciente en la que escuchó a un laico corregir a un sacerdote de esa manera. “Con toda altura”, destacó, y agregó: “Sé que el laico lo quiere al cura. No ese que critica por criticar, sino porque lo quiere de corazón”.
Cargnello cerró ese tramo de la homilía con un llamado a toda la Iglesia salteña —obispos, sacerdotes, religiosos y laicos— a crecer en lo que definió como “este arte servidor de la paz”: la capacidad de advertir al otro sin convertir la diferencia o el error en una oportunidad para humillarlo.