La independencia se defiende todos los días
Hay lugares que a uno no lo dejan ser neutral. Río Piedras es uno de ellos. Voy hace muchos años cada 3 de septiembre, mucho antes de ser vicegobernador. En ese punto geográfico de nuestra provincia tuvo lugar el Combate de las Piedras. No es una efeméride escolar más, es mirar más allá de la historia de la Revista Billiken y entender que lo que pasó en Salta garantizó la Revolución que hizo posible la Independencia. Nuestro país se hizo a caballo, como se dice, pero sobre todo en base a rebeldías y utopías.
Dos siglos después, la pregunta sigue interpelando: ¿Qué significa ser independientes hoy?. La independencia no es el monumento en Rio Piedras ni un cuadro de bronce colgado en el Museo Casa de Hernández. Hoy, la soberanía se mide en la capacidad real de decidir sobre nuestra energía, nuestros minerales, nuestros alimentos y nuestra tecnología. Significa que nuestros recursos no sean transferidos como materias primas baratas para palear la restricción y la deuda externa, sino que sirvan para apalancar un desarrollo productivo e industrial con mayor autonomía. No hay soberanía posible si no somos capaces de agregar valor a lo que producimos y de retener la riqueza en el territorio que la genera. Depender enteramente de voluntades de inversión ajenas o de la tecnología del extranjero es solo otra forma de la subordinación que nuestros patriotas combatieron con el cuerpo en estas tierras. La tierra argentina es para todos aquellos que quieran habitarla, no expoliarla.
Al final, hacer política institucional —gobernar— es fijar prioridades desde la técnica pero siempre con sensibilidad social, y un Estado que se retira por completo de la planificación estratégica no hace más que dejar a su sociedad desprotegida frente a la intemperie y la incertidumbre especulativa del mercado. Ninguna sociedad progresa si la única ley que rige es la del sálvese quien pueda: en cuotas y con intereses.
La realidad del presente nos exige honestidad intelectual para el diagnóstico. Hoy tenemos una alarma encendida. Hay familias que no tienen tiempo para agarrar más trabajos y aún así no llegan a fin de mes. Hay argentinos que se están endeudando no para progresar, sino para comprar comida, pagar tarifas o conseguir un medicamento. Cuando el crédito se vuelve un mecanismo de supervivencia, el sistema está fallando. Ordenar la economía es una tarea necesaria, el crédito no es malo per sé, pero ajustar siempre sobre los mismos no es ordenar: y la subsistencia no es inversión.
Salta responde con la trinchera de la gestión y la presencia. Seguridad como bien social: Incorporamos 300 nuevos policías y entregamos 151 vehículos con criterio federal. La seguridad es un derecho básico para vivir en libertad, no un gasto de planilla. También la formación y el trabajo: Acompañamos la capacitación de los trabajadores de la industria de la alimentación en Güemes. En contextos de crisis, defender el empleo exige organización frente a la incertidumbre y capacitación para que el trabajo argentino mejore su productividad. Memoria viva: En el Instituto de Abuelas de Plaza de Mayo honramos la gesta de Malvinas y la historia de los hermanos Vilca Condorí. Una juventud que no olvida es la garantía de que la causa Malvinas sigue siendo una bandera irrenunciable.
Honrar la patria hoy es defender la mesa de los argentinos, la dignidad del trabajo y la autonomía de las provincias frente a las asimetrías de un centralismo insensible. Sonará reiterativo, pero vale la pena repetirlo: no hay salida individual; nadie se salva solo decía el Papa Francisco, el único camino es el colectivo.
Hasta la próxima