Teresa Cadenas de Hessling: Cuando los estudios güemesianos eran cosa seria
Hace 32 años partía al firmamento de las mentes ilustres de Salta, la Prof. María Teresa Cadenas de Hessling. Había nacido el 15 de octubre de 1924, y la tarea de un recuerdo administrativo sería seguramente mezquina, porque Teresa fue mucho más que una docente que se limitara a transmitir conocimientos, perteneció a esa cohorte de singulares formadores de personas porque tenían otra manera de mirar a la educación y al educando.
Su acción pedagógica superó la docencia, su título de profesora para convertirse en Maestra. Lúcida, generosa y sobre todo humilde -con esa humildad que poseen los que realmente saben-, nunca perdió su tono campechano y su sentido del humor: “-Sentate topo”, era la sentencia más vergonzosa para el que no sabía dar la lección.
Su caudal de conocimientos había abrevado en los archivos locales y en aquellos de España, como el de Indias. Pero destacó sobre todo por sus estudios sobre la figura del General Martín Miguel de Güemes. Perteneció a esa clase de historiadores de verdadero cuño que utilizaron sus conocimientos güemesianos para sembrar saber y no ganar espacios sociales ni políticos para su propio lustre.
Cuando un ACV la obligó a utilizar una silla de ruedas, hizo las diligencias para que una ambulancia la llevara a cumplir con su cátedra de la Universidad Católica de Salta, mientras en las tardes continuaba con su labor de investigación y literatura. Su “Historia de Salta”, es un catálogo completo -capítulo por capítulo- con cuadros para comprender que ocurría en Salta, en el país y en el Mundo desde el 1500.
Visitarla en su hogar era uno de esos placeres que llenan el alma. Uno ingresaba y Teresa emergía entre medio de las pilas de papeles, libros y documentos que sitiaban a su máquina de escribir. Al punto, su esposo -Enrique-, aparecía y haciendo la seña con su pulgar y su índice, invitaba: “Ernesto… ¿un vinito?”; y era gustoso en convidarnos con un patero de producción propia de los Valles Calchaquíes.
Estudió profundamente a Güemes, pero siempre dejó claro que la gloria era del Prócer y no utilizar al Prócer para la gloria propia.
Su legado continúa con una calle que lleva su nombre, lo mismo que el Colegio Secundario N.º 5070, y en la Casa de Hernández existe una sala dedicada a ella.
Hay personas que pasan por la vida, pero hay otras que se imprimen en el alma dejando no sólo la experiencia de su saber sino y sobre todo una forma de ser, de vivir… y de enseñar.
Por eso, hay maestros que enseñan una materia y hay maestros que enseñan a mirar.
En una época en que cualquiera se proclama especialista en Güemes después de leer dos efemérides y sacarse una foto con un poncho, Teresa representa justamente lo contrario: estudiar primero, hablar después y enseñar siempre .