Un dato a observar es que, mientras la oposición y los aliados de Fuerza Popular del fujimorismo alimentan la noción de una posible manipulación, Sánchez —seguramente enterado de su ligera ventaja— se ha distanciado de esas denuncias, que califica de irresponsables y que buscan "infundir temor y miedo ante un posible cambio político".
Para los analistas, ese ruido de fondo genera un clima peligroso de imprevisibilidad y conspirativo. Sucede en un escenario muy complicado. Estos especialistas descartan que la elección se limite a una disputa ideológica entre izquierdas o derechas. Chaparro remarca, en cambio, que lo que existe es un choque entre dos mundos: el de la ciudad y el de la sierra, con poblaciones como de dos países que no se quieren y donde pesa de modo significativo "una cultura muy racista".
Corrupción e identidad: los ejes de la campaña
"En principio, lo que se experimenta es un desgaste de todo el sistema político. La decepción de la gente no es tanto porque votó por unos y luego por otros, pero ninguno cumple; también es porque hay corrupción por el centro, la izquierda o la derecha: corrupción en el caso de Fujimori, también corrupción con el ex presidente golpista aliado de Sánchez, y en el centro, corrupción con el ex presidente Vizcarra, en la cárcel. Como se sabe, todos nuestros expresidentes están en la cárcel", explica.
Remarca el poder de aquella otra grave dimensión cultural que influye en el ánimo del electorado. "En la sierra, el apoyo a Sánchez no ha sido igual que el que tuvo Castillo en 2021, cuando ganó en la segunda vuelta, pero es fuerte. Sucede más allá de la ideología, porque este es un país muy racista, profundamente racista. Esa mirada tan excluyente está mucho más hoy sobre la mesa. Y, con toda la represión que hubo en 2022 y 2023, la sierra en general ha profundizado su identidad colectiva".
Esto Sánchez lo advierte, y por eso el uso de los símbolos, incluso el enorme sombrero blanco que luce y que era una característica de Castillo y es común en el interior profundo.
Los sondeos que se reparten a nivel privado y a los que ha tenido acceso Clarín marcan esas diferencias. Lima le da a Keiko una intención de voto de 54,8 % contra 30,2 % de su rival, similar al comportamiento en otras grandes ciudades. Pero en el desagregado rural se invierte ese resultado: Sánchez encabeza con 58,7 % contra 25,5 %.
Respecto al voto en blanco o nulo, Chaparro se muestra muy prudente. Sostiene que existe una fuerte desconfianza en "políticos que dicen una cosa y hacen otra" de una manera descarada. "Por ejemplo, en el debate, Keiko prometió crear 20.000 becas que se usan para promover la educación universitaria, pero su propia bancada de Fuerza Popular, hace un mes, acaba de votar para reducir esas becas. Y te puedo dar 15 ejemplos así de todas las fuerzas".
Si se tiene en cuenta el voto emitido —es decir, el que incluye la elección por los candidatos, pero también el blanco o nulo—, "Keiko y Sánchez sumados tienen alrededor del 20 %, por lo tanto, hay 80 % que no votó por ellos", afirma. Además, un periodista de enorme influencia como César Hildebrandt —una especie de Jorge Lanata en este país— y un político centrista importante, Jorge Nieto, públicamente invitaron a la gente a votar nulo. "Eso se escucha porque hay mucha gente que no quiere a ninguno de los dos".
Este analista remarca otras cuestiones que influyen. Sánchez ha armado un frente en la coyuntura que no es más que "un pegoteo de diferentes corrientes", lo que abre un desafío hacia adelante. Del lado de Keiko, afirma que, además del antifujimorismo que la persigue, también "ha aparecido un antikeikismo. Porque su bancada, en estos cinco años, manejó el Congreso, ha concentrado mucho poder, ha cambiado la mitad de la Constitución, ha edificado una dictadura parlamentaria… y eso creo que lo nota la gente".
Clarín