Opinión Mónica Juárez 27/05/2026

Panelistas

Hay algo fascinante en la política argentina contemporánea: ya no alcanza con gobernar. Ahora también hay que rendir en cámara, tener timing, saber rematar una frase y, si es posible, generar un clip viral antes de que termine la entrevista.

La Argentina pasó de discutir líderes a discutir personajes. Y en ese tránsito, Javier Milei no es una excepción: es probablemente el producto más acabado de una transformación que viene ocurriendo hace décadas. Porque Milei llegó a la Presidencia, sí, pero nunca dejó de ser panelista.  

Y no es necesariamente un insulto. Es una descripción de época.

La dirigencia argentina siempre tuvo algo de teatral. Perón entendía la radio antes que nadie. Alfonsín dominaba el tono épico del balcón y la plaza. Menem convirtió la política en espectáculo antes de que existieran las redes sociales: Ferrari, patillas, “pizza con champagne”, Susana Giménez y una convertibilidad que parecía producida por Telefe. Néstor Kirchner entendió el valor del conflicto televisado. Cristina perfeccionó la cadena nacional como género discursivo. Macri intentó administrar el país como una reunión de coaching empresarial.

Pero Milei representa otra cosa: la política convertida directamente en panel.

No llega desde la estructura partidaria clásica ni desde el sindicalismo ni desde la universidad pública tradicional. Llega desde el grito televisivo. Desde el debate de cinco minutos donde gana no el que tiene razón, sino el que logra que el otro quede como un meme.

Y ahí aparece el gran cambio cultural argentino: hoy muchos dirigentes no hablan como estadistas. Hablan como si siguieran compitiendo por un punto de rating.

Por momentos, la Casa Rosada parece un prime time extendido.

Hay conferencias que parecen editoriales de cable. Discursos que parecen monólogos de stand up. Peleas políticas narradas como si fueran internas de reality show. Incluso el lenguaje mutó: ya no hay adversarios, hay “domados”; ya no hay debates, hay “clips”.

La política argentina descubrió que una frase viral vale más que veinte páginas de gestión.

Y cuidado: no es solamente culpa de los dirigentes. También es responsabilidad de una sociedad agotada de solemnidad. Durante años la política habló en idioma expediente. Frases largas, burocracia emocional, dirigentes que parecían redactados por escribanos. Entonces apareció alguien despeinado, gritón, desbordado, que hablaba como la gente comenta fútbol en una sobremesa… y millones sintieron que, al menos, había alguien vivo.

El problema empieza cuando el formato panel invade completamente la lógica institucional.

Porque un panelista necesita tensión constante. Necesita enemigos permanentes. Necesita exagerar. Necesita actuar el conflicto incluso cuando no existe. El silencio no sirve. La moderación no mide. El matiz no viraliza.

Y gobernar es exactamente lo contrario.

Gobernar implica administrar silencios, negociar contradicciones, aceptar tiempos lentos y convivir con límites. Ningún panelista soporta eso demasiado tiempo. El panel necesita sangre fresca todos los días. La gestión, en cambio, suele parecer una planilla Excel con gastritis.

Por eso la política argentina vive en un estado de ansiedad permanente. Todo debe parecer histórico, terminal o revolucionario. Un martes cualquiera parece el último capítulo de una serie de Netflix.

Y mientras tanto, los argentinos miramos todo con una mezcla rara de angustia y entretenimiento. Nos indignamos… pero también consumimos el show. Decimos que la política es un circo, pero conocemos el casting completo.

Tal vez porque la Argentina desarrolló un talento extraordinario: convertir el drama en género televisivo.

Acá discutimos el dólar como si fuera un partido de Libertadores. Analizamos internas partidarias con la pasión de un programa de chimentos. Y seguimos dirigentes como antes se seguía a vedettes o conductores.

El fenómeno Milei simplemente llevó eso al extremo. El primer presidente argentino completamente compatible con TikTok, streaming, memes y algoritmos. Un dirigente moldeado por la lógica de la televisión panelística y las redes sociales.  

La pregunta es si la Argentina puede sostener indefinidamente una democracia emocionalmente televisada.

Porque un país no se administra solamente con impacto. También necesita pausa, densidad, acuerdos mínimos y cierta capacidad de aburrir. Sí, aburrir. A veces las sociedades más sanas son las que no necesitan vivir políticamente al borde del trending topic.

Pero claro… eso en Argentina duraría menos que un economista sin micrófono.

Y quizá ahí esté nuestra tragedia más simpática: queremos dirigentes serios, pero nos fascinan los personajes. Queremos institucionalidad, pero premiamos el espectáculo. Pedimos estadistas… mientras seguimos esperando el próximo cruce viral para compartir en WhatsApp.

Te puede interesar

Teresa Cadenas de Hessling: Cuando los estudios güemesianos eran cosa seria

A 32 años de su fallecimiento, recuerdan a María Teresa Cadenas de Hessling, docente e historiadora salteña destacada por sus estudios sobre Güemes y por una vida dedicada a enseñar, investigar y formar generaciones.

Prevención

A medida que se acerca la primavera, un riguroso entramado de prevención se prepara para recibir un fenómeno climático de alto riesgo. Es el llamado El Niño que se apresta a instalarse en esta región durante las dos próximas estaciones, generando severas dificultades.

Interpretación

Un extenso debate en la Cámara de Diputados de la Nación habilitó un repaso de la historia reciente del país, con el que se trató de explicar las dificultades con las que el ciudadano debe llevar adelante su vida cotidiana. También sirvió al intento de dar sentido a medidas que no se visualizan como soluciones inmediatas. 

Prioridades

Volvió a la Legislatura Provincial el análisis del desarrollo fronterizo. Esta vez no fue una enunciación ni rozó cuestiones vinculadas a la seguridad sino al fortalecimiento del comercio, que se sostiene mayoritariamente en la informalidad.

La visita del Papa

El anuncio oficial de que el papa León XIV estará en nuestro país del 8 al 11 de noviembre de este año ha acelerado las expectativas y las previsiones.

Hijos

El presidente tiene un talento singular: cada vez que habla, consigue volver confusas algunas certezas y acercarnos, casi sin querer, a posiciones que antes creíamos ajenas o incluso opuestas.