Opinión Ernesto Bisceglia 18/05/2026

Carta Municipal: El peligro que representan los libertarios para la Ciudad de Salta

¿Alguien ha pensado si aquella Carta Magna hubiera sido redactada por libertarios qué seríamos hoy? Una factoría no muy distinta de una colonia africana. 

La Carta Municipal es a la Ciudad lo que la Constitución es a la provincia o a la Nación. Nuestra Constitución Nacional de 1853, fue redactada en base a ideas profundamente liberales que consagran a la República como sistema político. ¿Alguien ha pensado si aquella Carta Magna hubiera sido redactada por libertarios qué seríamos hoy? Una factoría no muy distinta de una colonia africana. 

Entonces, a muchos nos preocupa lo que está ocurriendo con la redacción de la Carta Municipal para la Ciudad de Salta, redactada por libertarios que imponen el número para establecer cuáles serán los derechos y garantías de los vecinos, desprovistos del conocimiento y la erudición que tal responsabilidad implica. 

Literalmente, nosotros y las generaciones venideras estamos en manos de facciosos ideologizados que piensan en la eliminación en cuanto más sea posible del Estado como garante y factor político insustituible de la vida cívica. 

En momentos en que muchos bregamos porque los funcionarios públicos comprendan la necesidad de la integración público-privada, esta gavilla de libertarios compuesta por personajes con acusaciones penales, otros pasados de otros bandos lo que denuncia que no tienen principios estables y en su mayoría por personajes de mediocre -o ninguna- intelectualidad, ellos intentan desalojar al Estado como garante de la convivencia democrática. 

Pondremos como ejemplo nada más lo relativo al Turismo, materia en la cual pensamos conocer algo. En el articulado propuesto por esta gente en lo relativo a esta materia se destaca una frase preocupante: “(El municipio) actuará de manera complementaria, evitando sustituir la inversión y actividad privadas…”. El sentido de esta frase instala un principio ideológico sumamente peligroso porque aparta al Estado de la actividad turística, subordinándolo a los caprichos del privado y sólo pudiendo intervenir excepcionalmente. En el espíritu de esta frase va el intento de apropiarse de la Ciudad por los privados.

El Turismo es una actividad de profundo contenido humano, cultural, histórico, social y por supuesto, económico; todas materias en las cuales luego de seguir los lánguidos “debates” ofrecidos en el Concejo Deliberante, dudamos que los libertarios conozcan. En la vida real, los problemas no se arreglan con el rosario y la estampita. Hace falta formación cultural, histórica y cívica para legislar sobre la vida de los vecinos. 

Es verdad también, que desde hace  décadas los puestos oficiales no son ocupados por los más habilitados académicamente, pero más o menos, la vida social ha transitado por los andariveles constitucionales que honra a la República. 

Sustituir al Estado, ya municipal, provincial o nacional, para consagrar al privado y reducir, sino eliminar al Estado, es un suicidio social, toda vez que se cambia a la República o a la ciudad por un mega shopping administrado por un gerente. En los hechos, representaría cambiar al vecino por un número y a su vida útil según su capacidad de producción. Por eso para esta gente, los ancianos, los discapacitados, los niños y las personas cultas son contraproducentes. Hay que recortarlos. 

Hoy, a la luz de lo que están pensando hacer con el municipio, es conveniente encender las alarmas y predicar que los libertarios bajo ningún punto de vista pueden ser gobierno en la provincia en el 2027. Ya han demostrado en los Recintos su “milei-dependencia”, su falta de ideas y su bajo nivel intelectual. Remito a las pruebas ofrecidas en los debates. 

Nadie se equivoque en decir que mi opinión es una apología del peronismo, ya que conocido es mi origen de derecha, profundamente liberal y antiperonista. Pero cierto también es que cuando uno conoce a los peronistas concluye que domesticados, hasta resultan simpáticos e inofensivos incluso. El gran problema de los libertarios es su soberbia y su ignorancia. De hecho, Perón, decía: “He visto a malos convertirse en buenos, pero nunca he visto a un bruto convertirse en inteligente”.

La mezcla de mesianismo, falta de cultura y fanatismo de los que hacen gala estas personas son los ingredientes propios de los sistemas dictatoriales donde toda opinión contraria es tachada, todo oponente debe ser eliminado y como en el caso de los periodistas, pasa a formar parte del “95% de delincuentes”. Asumo que soy un delincuente. 

Como sentencia aquella frase clásica: “Dadle a un bruto un arma e iniciará una guerra. Pero dadle una pluma y os convertirá en brutos”.

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