De la emergencia social a la capacitación laboral: el camino de la Fundación Pata Pila
Por Aries, Diego Bustamante, presidente de la Fundación Pata Pila, destacó el trabajo territorial que la organización desarrolla desde hace una década en comunidades vulnerables del norte de Salta y otras provincias, con especial énfasis en la formación en oficios como herramienta clave para la transformación social y el desarrollo productivo.
“Somos un poco los relegados de la Argentina”, señaló Bustamante al describir la realidad de las comunidades de frontera con Bolivia y Paraguay, donde persisten necesidades básicas insatisfechas. La fundación nació hace diez años a partir del contacto directo con comunidades guaraníes y, posteriormente, wichí, con el objetivo de involucrarse en la vida cotidiana de la gente y dar respuestas concretas a problemáticas urgentes.
En sus inicios, el trabajo estuvo centrado en la prevención de la desnutrición infantil y en la atención de emergencias sociales vinculadas a la falta de documentación, el acceso a la salud, la alimentación y los conflictos legales familiares. “Todo lo que tiene que ver con la cruda realidad”, resumió Bustamante.
Actualmente, la Fundación Pata Pila asiste a más de 1200 niños y trabaja en unas 80 comunidades distribuidas en Pichanal, Dragones, Embarcación, Tartagal, Santa Victoria Este, Alto de la Sierra y otras localidades del norte salteño. Además, extiende su acción a zonas del Impenetrable chaqueño y a otras provincias del país.
Con el fortalecimiento de los vínculos comunitarios y el avance en infraestructura básica, la organización decidió dar un paso más y apostar al desarrollo productivo. “Si realmente queremos trabajar para la transformación de las comunidades, hay que invertir en la capacitación de la gente”, afirmó Bustamante.
En ese marco, la fundación impulsó un Programa de Formación de Oficios que desde hace varios años capacita a habitantes de las comunidades en áreas como electricidad, refrigeración, instalación de paneles solares y carpintería.
Desde el año pasado, estas capacitaciones comenzaron a certificarse oficialmente en articulación con el Ministerio de Educación de la Provincia, lo que permitió que numerosos participantes ya egresaran con títulos reconocidos.
El trabajo también se amplió a las cadenas productivas locales, con proyectos de apicultura, cría de cabras, huertas comunitarias y turismo comunitario, adaptados a las posibilidades y necesidades de cada territorio. “En algunas comunidades es potenciar lo que ya hacían, en otras proponer nuevas actividades, y en otros casos formarlos para que puedan integrarse al sistema laboral o generar su propio autoempleo”, explicó.
Bustamante remarcó que la demanda de capacitación surge de las propias comunidades. “La gente quiere aprender, quiere estudiar, quiere mejorar y salir adelante”, aseguró, y destacó que contar con capacidades técnicas permite cubrir necesidades concretas, como la reparación de aires acondicionados en una región donde ese servicio es altamente demandado.